1. Y en eso entró Marga


    Fecha: 05/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: Rodrigo Cnovas, Fuente: CuentoRelatos

    ... nunca había visitado un prostíbulo ni había perseguido aventuras con otras. Marga me gustaba, pero ya no me atraía. No sentía atracción o deseo por desatar con ella la pasión y el juego, las fantasías lúbricas, mi concupiscencia. El ritual de un sexo convencional había matado todo deseo vital. Cuando intenté con ella, al principio, un sexo vivo, llameante y ardiente fue inútil: me encontré con una respuesta fría y una pasividad destrempante; un par de ocasiones más me enseñaron que era un camino inútil. Y así, adquirí consciencia de que debía canalizar mis necesidades y fantasías de otra manera. Ni siquiera podía ser calificado de deslealtad un comportamiento que sólo a mí me atañía, realizado en soledad, un sexo paliativo, un lenitivo a mí desazón sexo-emocional.
    
    — Esas imágenes me gustan, me excitan. Contigo yo … no puedo desatar mi deseo.
    
    Me miró cómo sin entender mis palabras. Enarcó las cejas.
    
    — Así —repuso— ¿No te excito yo; no te gustó?
    
    — No, no. No va por ahí, Marga. Es que… quiero "eso" —ahora fui yo quien remarcó la palabra— , pero a ti no te gusta nada que salga de la penetración, de la posición tradicional de la cópula. Y yo necesito más cosas para satisfacerme plenamente.
    
    Pareció entender al fin. Se sentó en la cama y me observo un instante. Luego, dijo:
    
    — Tú quieres hacer esas cosas, Pablo?
    
    — Sí —asentí.
    
    — ¿Conmigo…?
    
    — Ajá.
    
    — Yo —comenzó— no sé… No sé si… podría. No siento necesidad de ellos. Me basta con hacer el amor como hasta ...
    ... ahora. No sé…
    
    La miré detenidamente.
    
    — Bien, podríamos seguir como hasta ahora, si tú quieres. No te pido nada. Para mí es sencillamente un complemento. Siento mucho placer con ello y no quiero dejar de sentirlo.
    
    Ella se quedó pensativa. En el televisor la rubia estaba haciéndole una manada muy placentera al negro que gemía de gusto; el otro por detrás follaba el coño de la chica agarrado a su grupa. El negro se corrió en una imagen frontal de gran calidad. La rubia sorbía la gran cantidad de leche espesa que discurría desde el falo enorme hasta sus labios. Abrió la boca y mostró la cucharada de semen; se lo tragó y relamió el mástil y el agujero de la negra polla que seguía goteando. El otro hombre, a punto de correrse, dio la vuelta y le puso la pija en la boca a la rubia, que se afanó en una mamada bien sonora. También el latino se vino y entre empujones vertió si jugó en la linda boca de la chica. Marga atraída por los jadeos y gemidos, por los sonidos miró la imagen detenidamente.
    
    — Haces esto muchas veces, Pablo?
    
    — Ocasionalmente, sí. Cuando me apetece.
    
    — ¿Y tienes una eyaculación mirando las películas? ¿Te masturbas hasta correrte?
    
    — Ajá.
    
    — Y después ¿tienes ganas de follar conmigo? —siguió interrogando interesada. Decidí ser absolutamente sincero — ¿Piensas en hacer todo esto entre nosotros?
    
    — Sí, Marga, pero a ti esto no te motiva, no te interesa…
    
    Ahora, en el monitor, la rubia ponía las dos pollas tiesas de nuevo con su manoseó. Uno de ...