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Tradiciones de un colegio pupilo (2)
Fecha: 06/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Gays Autor: Gavin, Fuente: SexoSinTabues30
... que él me hiciera volar nuevamente. Perdí el control de mi cuerpo. Así que, al no tener otra opción, me di por vencido y simplemente permití que el líder se hiciera cargo de mí por completo. No sé si puedo explicar adecuadamente cómo es sentir que alguien eyacule dentro de ti, especialmente si no tienes esa inclinación, como tampoco la tenía yo. Porque hay componentes físicos y emocionales en la experiencia que me sacudieron por igual. El líder me tomó fuertemente con ambos brazos y embistió con mucha fuerza tres veces más. Luego me envolvió en su abrazo de oso y nos sacudió a ambos por unos momentos mientras eyaculaba dentro de mí. Un instante después lo sentí temblar… y luego su embestida terminó por completo. Debieron haber sido solo unos segundos, pero me parecieron minutos: simplemente me quedé allí, colgado en sus brazos, mis pies aún no podían tocar el suelo y mi trasero todavía estaba lleno de él. Ambos estábamos sin aliento. Y supongo que fue en ese momento cuando tomé conciencia de ese componente emocional del que acabo de hablar. Porque me di cuenta, sólo por un instante, de que sentía como si ahora tuviera una comprensión más íntima del Líder. Era como si acabara de ponerme su marca y ahora le perteneciera. Y hasta el ...
... día de hoy, todavía me resulta difícil expresarlo con palabras, pero entonces me parecía que el Líder y yo nos habíamos conectado a un nivel más profundo que la mera amistad y mucho más personal. Era casi como si ahora estuviéramos vinculados de alguna manera. Este sentimiento especial de conexión con el líder fue una emoción que ni busqué ni me importó una vez que la sentí. Así que lo descarté rápidamente y he intentado a lo largo de los años no considerarlo más hasta que llegó el momento de escribir sobre ello aquí. De todos modos, después de eso, flexionó sus rodillas para que yo pudiera volver a ponerme de pie, salió de mí y quitó sus brazos de alrededor de mi cuerpo. -¡Siéntate! – me ordenó. El trasero me dolía como si le hubiesen prendido fuego. -¿Esperas que me siente después de lo que me hiciste? – le grité, sollozando – ¿Estás loco? El líder me dio una bofetada y caí al suelo. Fui tanteando hasta que ubiqué la silla. Me senté, sintiendo un terrible dolor. – ¡Quédate aquí y no te muevas! Cualquier empatía que pudiera haber sentido por él desapareció después de esto. – Hay otros cuatro que entrarán, uno por vez. Y tú vas a complacer a todos antes de irte. ¡No vayas a quitarte la venda de los ojos! (Continuará)