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Estoy sola en casa y llega mi cuñado
Fecha: 11/05/2026, Categorías: Incesto Autor: libelula, Fuente: CuentoRelatos
Tengo una hermana de 40 años, cinco más que yo, casada desde hace 12, con un chico de 42, guapo, alto, simpático. Viven en una ciudad de provincias y tienen cuatro hijos. Con mi hermana siempre he tenido confianza para contarnos cosas íntimas, así que sabemos todo de nuestros respectivos maridos. Al parecer mi cuñado es muy activo sexualmente y mi hermana tuvo que hacerse una ligadura de trompas para no tener más hijos, ante la exigencia de sexo constante a que la somete mi cuñado. Mi hermana ya no debe seguirle el ritmo y el chico debe andar buscándose la vida fuera de casa, así son los tíos. Según mi hermana tiene un instrumento fantástico, más de 18 cm, con un gran capullo circuncidado y siempre dispuesto a utilizar. Mi cuñado trabaja en una empresa con sede en Madrid y una o dos veces al mes viene a despachar asuntos a la sede central. La semana pasada llamó mi hermana para decirme que Fernando vendría a pasar dos días y se hospedaría en casa. Siempre me llevé bien con él, no así mi marido al que no le cae nada bien. Conmigo es cariñoso, gastamos bromas, me suele abrazar como si fuera su hermana pequeña y le gusta al pasar a su lado darme una palmadita en el culo añadiendo algún comentario jocoso. Por ejemplo: “Que desperdicio de culo para el gilipollas de tu marido”, y cosas así. El martes llamó Fernando, así se llama, que estaba en el aeropuerto y llegaría a comer y tendría que irse rápido pues tenía una reunión a primera hora de la tarde. Vino como a las ...
... 13 h. Me dio dos besos, palmadita en el culo, y como siempre que estaba cada día más buena. Tenía la mesa puesta y nos dispusimos a comer enseguida por sus prisas. Pasamos la comida entre bromas, me explicó que mi hermana estaba perdiendo apetito sexual, y no me quito ojo de mis pechos y los pezones duros bien marcados en la camiseta ceñida que llevaba. Debajo llevaba unos pantis de licra ajustados a mis piernas torneadas, dejando intuir mi apretando y redondo culo y por delante la rajita apretada por el tejido. Note su mirada cada vez que me levantaba repasándome el cuerpo. Terminada la comida retiré le mesa mientras él tomaba un chupito. Estaba colocando cosas en la encimera cuando llegó con los últimos platos, los dejó y se colocó detrás de mí cogiéndome las manos y poniéndome su polla ya en erección en mi culo. “¡Qué haces!” le dije asustada. “Nada que no tuviera que haber hecho hace tiempo”, contestó. Me empezó a besar el cuello, la oreja, me hacía sentir aquel bulto enorme frotando mis nalgas. Forcejeamos un buen rato, pero no me soltaba y aun se ponía más excitado. Me dio la vuelta sin soltarme para besarme en la boca. Ladeé mi cara para impedirlo, pero él insistía, siguió comiéndome el cuello, metió su pierna entre las mías para separarlas y colocar su paquete en mi sexo, notaba su contacto y empecé a mojar. Ya me había subido la camiseta y sacado mis tetas lamiendo mis pezones duros. Eso me mata, es un punto sensible que cuando me llegan ahí estoy muerta. ...