1. Málaga: deseo público, sudor y sexo


    Fecha: 18/05/2026, Categorías: Voyerismo Autor: ExpuestaFem, Fuente: TodoRelatos

    ... como si nada hubiera pasado.
    
    —Ya casi terminamos —dijo, con voz suave, profesional.
    
    Quise protestar, decirle que no parara, que siguiera bajando. Pero mis labios no pronunciaron palabra. Solo asentí, sintiendo el latido entre mis piernas, más fuerte que nunca.
    
    Cuando terminó, me cubrió con la toalla con un cuidado casi tierno.
    
    —Puedes tomar tu tiempo para vestirte —dijo, con esa misma sonrisa tranquila, aunque en sus ojos había algo más, algo que me confirmaba que había sentido lo mismo.
    
    Asentí despacio, sin confiar en mi voz, y la vi salir de la habitación, cerrando la puerta con suavidad.
    
    Me quedé unos segundos tendida en la camilla, respirando hondo, intentando recomponerme. Pero no podía. Todo mi cuerpo estaba vibrando, mi vulva palpitaba con hambre, mis pezones duros rozaban la tela de la toalla, y mi mente no podía pensar en otra cosa que en esas manos, ese aliento, ese casi contacto que me había dejado al borde del abismo.
    
    Me vestí despacio, cada movimiento cargado de esa mezcla de nervios y deseo, y salí de la sala con la piel aún tibia del aceite y el cuerpo suplicando más.
    
    Mientras subía a mi habitación, solo podía pensar en una cosa: necesitaba más. No sabía si de ella, de alguien, o de mí misma, pero necesitaba liberar todo eso que el masaje había despertado.
    
    Subí a la habitación con el cuerpo encendido, como si cada caricia del masaje aún vibrara sobre mi piel. Me serví una copa de vino tinto del minibar y me acerqué al balcón. El ...
    ... cielo estaba tiñéndose de naranja y violeta; la ciudad comenzaba a encender sus luces, el sonido del tráfico mezclado con la brisa marina subía hasta el séptimo piso.
    
    Me apoyé en la barandilla y respiré hondo. El hilo de la tanga blanca se enterraba entre mis nalgas, y el top diminuto apenas contenía mis pezones, tan duros que marcaban el tejido húmedo. El roce de la tela mojada sobre mis labios hinchados era insoportable.
    
    Me senté en la silla del balcón, dejé la copa en el suelo y abrí las piernas. El corazón me latía con fuerza. No podía evitar pensar que, desde abajo, alguien podía verme si levantaba la vista. Y esa idea me encendía más.
    
    Deslicé mi mano bajo el hilo de la tanga, hasta sentir mis labios vaginales húmedos, calientes, resbalosos con mis propios jugos. Solté un gemido bajito y me cubrí la boca con la otra mano, temiendo que alguien pudiera oírme.
    
    Comencé con movimientos lentos, circulares, rozando el clítoris con la yema de mi dedo, sintiendo cómo mi respiración se aceleraba y cómo mis pezones se endurecían aún más bajo el top empapado. Cada roce era un incendio que me subía hasta el pecho.
    
    No podía parar. Hundí dos dedos en mi interior, sintiendo el calor y la humedad envolverme. Los saqué, los llevé de nuevo al clítoris, lubricando cada caricia mientras lo masajeaba de lado a lado, más rápido, más fuerte.
    
    El sonido de la ciudad, el riesgo de que alguien levantara la vista y me descubriera con las piernas abiertas, masturbándome en el séptimo ...
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