1. Abrir un melón


    Fecha: 19/05/2026, Categorías: Poesía Erótica, Autor: Amoknut, Fuente: TodoRelatos

    ... inocencia insolente
    
    de quien aún no sabe que provoca.
    
    Quita las pepitas, pero con ternura,
    
    que ahí vive la dulzura escondida.
    
    Como quien despeja la cama
    
    antes de hacer el amor.
    
    Con las yemas, con lentitud,
    
    con reverencia.
    
    Divide, secciona, reparte la pulpa
    
    en orillas que rezuman
    
    como labios al calor del mediodía.
    
    Y si hay mirones cerca,
    
    hazlo con elegancia,
    
    no sea que se empapen del alma a
    
    ntes de saber masticarla.
    
    El primer mordisco no se da,
    
    se concede.
    
    Como se deja entrar una mano tibia
    
    en la penumbra del crepúsculo.
    
    La lengua tantea,
    
    la boca recibe,
    
    y la fruta… se somete.
    
    Gime un jugo lento,
    
    un hilo fresco que se escurre por la comisura
    
    y reclama con descaro placer y dolor.
    
    En cada fibra hay un misterio,
    
    un susurro antiguo del origen,
    
    una forma que recuerda otras formas,
    
    y que vibra —oh sí, vibra—
    
    cuando la muerdes con intención.
    
    Y sin saberlo,
    
    ya te ha poseído:
    
    late en tu boca,
    
    baila en tu pecho,
    
    te hace recordar
    
    que una vez fue sueño.
    
    Y que los sueños se cumplen
    
    con pasión y destreza.
    
    Dicen que es sano,
    
    dicen que tiene ciencia.
    
    Pero el melón, cuando se sacrifica,
    
    no cura:
    
    reaviva,
    
    despierta,
    
    te deja con la sangre más ligera
    
    y las ganas menos dormidas.
    
    Así que sí, ábrelo,
    
    pero ábrelo bien,
    
    con respeto, con juego,
    
    con la lengua de sol madurado.
    
    No todos los melones valen.
    
    No todos merecen tus labios,
    
    ni tu ...
    ... lengua.
    
    Hay que saber mirar,
    
    palpar sin prisas,
    
    escuchar lo que calla su dueña.
    
    No basta con quererlo dulce,
    
    hay que buscar señales,
    
    esos pequeños cuchicheos
    
    que solo los dedos atentos,
    
    la nariz y los ojos,
    
    saben leer.
    
    Acércate.
    
    Llévalo a la nariz:
    
    si huele a piel que ha sudado ideas largas,
    
    a jardín sin permiso,
    
    a página marcada…
    
    Si hay un susurro afrutado
    
    en la base donde ya no está el tallo,
    
    puede que te esté diciendo:
    
    “Estoy listo”.
    
    Tócalo.
    
    Presiona con ternura,
    
    ¿Cede un poco?
    
    ¿Regresa a su forma?
    
    Entonces quizá esté maduro.
    
    Si está duro como el orgullo,
    
    todavía no.
    
    Si se hunde como la esperanza rota, y
    
    a es tarde.
    
    Míralo bien:
    
    ¿brilla demasiado?
    
    Desconfía.
    
    La piel de la verdad no necesita espectáculo.
    
    Busca un tono adecuado,
    
    una pátina de anhelo rugoso,
    
    una calma mate que no busque coquetear.
    
    Azótalo.
    
    Sí, con la mano abierta, como quien llama
    
    inflige disciplina por mandato divino.
    
    Si responde alegre, con deseo de más,
    
    como si guardara dentro
    
    una lujuria contenida,
    
    entonces... tal vez…
    
    Haya llegado la hora.
    
    Y si encuentras cuarteo en el extremo opuesto al tallo,
    
    círculos sutiles, casi un suspiro,
    
    es buena señal: el melón grita para ser liberado
    
    como quien no puede seguir guardando
    
    tanta dulzura.
    
    Elegir un buen melón
    
    es como elegir un cuerpo,
    
    una historia,
    
    una boca a la que confiar el mordisco:
    
    no lo decidas rápido.
    
    Escucha, ...