1. La Dama de Tenerife


    Fecha: 20/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Jon Dom 50, Fuente: TodoRelatos

    ... Dentro, el silencio era casi sagrado, roto solo por el suave eco de la música sonando en el sistema de sonido envolvente.
    
    Hugo estaba de pie junto al ventanal, con una copa de Lagavulin en la mano. La luz tenue del techo dibujaba sombras en su rostro, acentuando la línea firme de su mandíbula, la profundidad de sus ojos grises. No se había movido desde que escuchó el sonido del ascensor. Ni siquiera había mirado hacia la puerta.
    
    Sabía que ella estaba allí.
    
    Unos segundos después, llamaron. Dos golpes suaves, como si tuviera miedo de anunciar su presencia. O tal vez, como si ya supiera que él ya la esperaba.
    
    Él la hizo esperar unos minutos que a Sofía le parecieron siglos. Era parte del ritual y del control.
    
    —Bienvenida —dijo con voz calmada, sin sonreír.
    
    Ella lo miró. Directa, pero con un brillo de inseguridad.
    
    —Hola —no pudo evitar ruborizarse.
    
    Él se hizo a un lado y tendiéndo la mano hacia el interior de la estancia, con elegancia de otrora, le invitaba a entrar. Ella cruzó el umbral con paso firme, aunque su respiración se aceleraba.
    
    Los imponentes tacones de sus zapatos resonaban a cada paso indicando que la diosa, la fruta prohibida, acababa de llegar. Hugo ya tenía su regalo a punto.
    
    La luz del pasillo perfilaba su figura: alta, muy delgada, elegante, envuelta en un vestido largo de seda negra que se ceñía a su silueta, sin ser vulgar. El cabello, oscuro y ligeramente ondulado, caía sobre sus hombros. Sus labios, pintados con un tono ...
    ... carmesí oscuro, temblaron un poco al hablar.
    
    Hugo cerró la puerta tras ella sin hacer ruido.
    
    —¿Te sirvo algo? —preguntó mientras caminaba hacia el bar.
    
    —Un vino blanco, por favor.
    
    Él sirvió dos copas de un Château Minuty Prestige rosado y le tendió una. Brindaron sin decir nada. Ella bebió un sorbo. Él la observó.
    
    En sus mentes se entrelazaban pensamientos. «Dije vino blanco y me sirvió rosado», pensó Sofía. «No se ha atrevido a protestar, me gusta.» Se deleitó Hugo.
    
    —¿Tienes hambre?
    
    Asintió, mirándole fijamente. Su labio inferior continuaba con el pequeño tic nervioso.
    
    —Ordenaré la cena.
    
    Marcó un número en el teléfono del hotel. Pidió una cena privada para dos: entrecot de wagyu, ensalada de trufa, patatas confitadas y vino L’Ermita 2020. También pidió que la sirviera una camarera privada del servicio de habitaciones VIP.
    
    —¿Te molesta que comamos antes? —preguntó mientras volvía a sentarse en el sofá.
    
    —No. Al contrario. Tengo apetito y estoy algo nerviosa.
    
    —¿Por qué?
    
    —Porque no sé qué va a suceder.
    
    —Entonces es que no me has entendido bien.
    
    —¿En qué sentido?
    
    —Si estás aquí, es porque ya lo sabes.
    
    —¿Y qué es lo que sé?
    
    —Que no estás al mando. Que no decides tú.
    
    Ella tragó saliva.
    
    —Lo sé.
    
    —¿Y por qué te pone nerviosa?
    
    —Porque me gusta. Y me asusta.
    
    Hugo sonrió.
    
    —Eso es bueno.
    
    Sofía dejó la copa sobre la mesa y se sentó frente a él. Cruzó las piernas con elegancia, pero no podía ocultar el leve temblor en sus ...
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