1. El conserje de la comunidad (Cap IV)


    Fecha: 21/05/2026, Categorías: No Consentido Autor: Domadordepalabras, Fuente: TodoRelatos

    ... raso, bastante sexy, bastante atrayente, pero en mí, veía una figura asexual. Como si mi bajo estrato social, estuviera desprovisto de atributos sexuales.
    
    -Por supuesto, puedes entrar.-
    
    -No se olvide las cápsulas antiinflamatorias antes de dormir doña Elena-
    
    Le comenté de manera inocente, con un tono diligente y servicial.
    
    -No te preocupes. Ya me la he tomado. Gracias por preocuparte-
    
    Cogí las dos bolsas de basura y me dispusiste a salir.
    
    -Bueno, que descanse usted buenas noches-
    
    -Lo mismo te deseo.-
    
    Bajé las escaleras con una media sonrisa. Mi plan estaba en marcha, y como siempre, había estado milimétricamente estudiado.
    
    Finalmente, no salí de conserjería, había tirado la basura y había esperado un par de horas dentro de ella. Después de aquel tiempo, subí las escaleras lentamente. Silenciosamente, queriendo pasar desapercibido. Llamé a la puerta despacio, solo quería saber si ella estaba despierta.
    
    No habría nadie, lo cual me indujo a meter la llave y entrar en el interior de su vivienda.
    
    Al atravesar el Hall de entrada, me encontré el salón con la televisión encendida, y a Elena recostada en el sofá, completamente dormida.
    
    Su precioso cuerpo, su bellísima silueta, tan sexy, sus curvas desafiantes.
    
    Cuando me acerqué, vi que el tirante del camisón estaba caído, y la parte alta había desplazado un poquito hacia abajo, viendo parte uno de sus senos.
    
    El bote de píldoras, que previamente había manipulado, habiendo sustituido su ...
    ... contenido por un potente somnífero, había dado buen resultado.
    
    De manera que, tranquilamente la cogí en brazos y la llevé a su dormitorio. La senté y le saqué desde abajo el camisón, dejándola completamente desnuda.
    
    Esa mujer era preciosa, bellísima, el único coño peludo que a mí me gustaba ver. Porque era recortado y pelirrojo. Una delicia.
    
    Miré sus pechos, y eran poderosos, grandes, generosos y duros. Sus areolas grandes, redondas y ampulosas, terminaban en unos pezones duros y oscuros.
    
    Necesitaba saborearlos, de manera que comencé a lamerlos, y estos, enseguida, comenzaron a reaccionar, en ese instante, comencé a apretarlos, a palparlos, quería conocer su textura, su dureza.
    
    Pero no quería recrearme, al menos la primera noche. Solo quería cumplir mi cometido. De manera que, me desvestí con mi verga completamente erecta, me coloqué encima de esa mujer, y comencé a rozar su precioso y pelirrojo coño. Acariciaba con la punta de mi cipote, sus labios vaginales, una y otra vez, al poco tiempo, comenzaron a humedecerse, y yo me sentía en el cielo. Ese caliente y húmedo coño, albergó toda la extensión de mi polla, invitándola a percutir aquel cálido y húmedo hueco.
    
    Y ahí estaba yo, penetrando a esa mujer tan odiosa como bella. Tan odiosa, como sumisa con su propio esposo. Tan triste y tan resignada a no tener hijos.
    
    Para mí era una delicia, tener a una mujer de metro setenta y cinco, de enormes y turgentes, pechos, de caderas amplias y bonitas y, en definitiva, de un ...