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Amigos en la fortuna. Duodécima parte
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos
Pasaron varios días desde aquella reunión en casa de Sonia, en la que Jorge reveló al grupo que poseían el boleto premiado con el mayor bote jamás entregado en la región. Desde entonces, un grupo delegado —formado por Jorge, Diane, Clara, Héctor, Jandro y Félix— se encargó de realizar las gestiones legales. Se reunieron con un notario, crearon un documento de administración compartida del premio y abrieron una cuenta mancomunada en una entidad bancaria de confianza, a nombre de todos los integrantes. Acordaron que ninguna operación se realizaría sin el consentimiento de, al menos, dos tercios del grupo. Mientras tanto, la vida seguía. Algunos retomaban rutinas; otros, como Ana y Aurora, forjaban nuevas. Desde aquella conversación confidencial en la terraza del parque, Ana y Aurora habían empezado a verse casi a diario. A veces daban vueltas por la ribera del Júcar, otras iban al parque, o tomaban un café mientras Isabel y Eva jugaban entre columpios y toboganes. Había surgido entre ellas una complicidad sincera, casi inesperada. Ambas compartían un tipo de soledad que no se resolvía solo con tener pareja o hijos, sino con ser comprendidas. Una tarde, mientras paseaban entre los árboles teñidos por el final de la primavera, Aurora empujaba el carrito de Eva, que dormitaba tranquila, y Ana caminaba a su lado, sujetando de la mano a la pequeña Isabel. —¿Sabes una cosa? —dijo Ana, rompiendo el silencio—. Hay otra parte de mi pasado que tampoco conoce nadie. Aurora ...
... giró la cabeza con curiosidad. —¿Algo más? Ana asintió. —Sé que puede parecer que tengo una vida muy asentada ahora. Casada, madre, empleada por mi propio marido en su empresa... Pero no siempre fue así. —Te escucho. —Durante un tiempo, cuando era joven–empezó a decir Ana casi susurrando para que Isabel, que correteaba de un lado para otro, no la escuchase— trabajé como scort. Luego, durante unos meses, me metí en el mundo del porno. Fue una etapa que enterré muy hondo. No por vergüenza —aunque algo de eso hay—, sino por miedo a que todo se derrumbara si alguien lo supiera. Jacobo, mi captor, lo sabía, y no sé si también lo sabrá Lorenzo Jódar, eso si que sería terrible. Aurora no reaccionó con asombro ni juicio. Solo se detuvo, tomó aire y la miró con una serenidad firme. —Gracias por confiar en mí. Tus secretos están bien guardados conmigo. —Gracias Aurora. ¿No te parece terrible todo? —No. Me parece valiente contarlo. Y te voy a decir algo: todos tenemos un pasado. Félix no lo sabe, y no quiero que lo sepa, pero mi exmarido y yo fuimos una pareja liberal. Intercambios, clubes... De eso hace muchos años, cuando aún éramos jóvenes y pensábamos que todo era un juego. No me avergüenzo, pero no necesito revivirlo ni justificarlo, creo que todo aquello destruyó mi matrimonio. Mi ex, aunque quiere a su hija, siempre tuvo la sospecha de que Aurori no era suya… —Pero, ¿es suya? —se atrevió Ana a preguntar, al ver que Aurora dejaba el tema en puntos ...