1. Me comí al novio después de su boda (sí, hetero)


    Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: adriangel, Fuente: RelatosEróticos

    Bueno, la cosa fue así. Mi amiga Luli me pidió que la acompañara a la boda de su prima en Buenos Aires porque no quería ir sola y sabía que conmigo me la banco hasta en la peor de las fiestas. Yo, como buen boludo que soy, dije que sí sin pensarlo dos veces. Total, comida gratis y birra, ¿qué podía salir mal?
    
    La ceremonia fue en una iglesia re fancy en Recoleta, todo muy lindo, pero uff, qué embole. Gente seria, discursos aburridísimos y yo ahí, con mi traje incómodo, deseando estar en la skatepark en vez de escuchar votos eternos. El único entretenimiento era mirar al novio, un flaco llamado Nico, que estaba re bueno. Posta, alto, espalda ancha, sonrisa de lobo y unos ojos verdes que te hacían dudar de todo. Encima, el traje le quedaba como pintado, marcándole los hombros y esas piernas que se adivinaban fuertes incluso bajo el pantalón. Mi amiga me cuchicheó: «¿Viste al novio? Está para comérselo». Yo me reí, pero por dentro pensaba: «Si supieras, hermana».
    
    Después de la ceremonia, la fiesta fue en un salón re cheto. Ahí la cosa mejoró porque había bar libre y yo me hice amigo del bartender. Mientras todos bailaban cumbia y reggaetón, yo me quedaba en la barra, tomando fernet y mirando de reojo a Nico. Se notaba que estaba re contra ebrio, se tambaleaba un poco cuando bailaba con la novia, pero igual se reía y se lo veía feliz. O eso parecía.
    
    En un momento, la novia (una piba linda pero medio insípida) se fue a cambiar de vestido o algo así, y Nico se quedó solo ...
    ... en la pista. Yo me acerqué, medio en joda, y le dije: «Che, maestro, ¿no te aburrís de bailar siempre con la misma?». Él me miró con esos ojos vidriosos pero con una sonrisa picara. «¿Vos me estás proponiendo algo, skater?» (iba con remera de Thrasher abajo del traje, obvio). Nos reímos y de la nada me agarró del brazo y me dijo: «Dale, bailá conmigo, total ya estoy casado, ¿qué me van a hacer?». Y ahí, entre el humo de la máquina y la música a todo volumen, nos pusimos a bailar. Él, todo torpe por el alcohol, y yo, sintiendo cómo su mano me apretaba la cintura.
    
    La cosa se puso intensa rápido. Su aliento olía a whisky y a menta, y cada vez que se reía, se me acercaba más. En un momento, me dijo al oído, con la voz gruesa y pastosa: «Tuve que casarme, pero no sé si estoy listo para esto». Yo no supe qué decir, solo le apreté el hombro y seguimos bailando, pero ahora su pierna estaba entre las mías y yo sentía el calor de su cuerpo pegándose al mío.
    
    Después de la fiesta, un grupo decidió seguir la joda en el hotel donde se quedaban los recién casados. Obvio, Luli y yo nos sumamos. En el taxi, Nico se sentó al lado mío, y aunque su novia estaba ahí, en el asiento de adelante, él no despegaba la mano de mi muslo. Yo me hacía el distraído, pero por dentro estaba que volaba. ¿Qué mierda estaba pasando?
    
    Llegamos al hotel y fuimos directo al bar. Todos pedían drinks caros, pero Nico y yo seguíamos con fernet. En un momento, me agarró del brazo y me dijo: «Necesito aire, vení ...
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