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Me comí al novio después de su boda (sí, hetero)
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: adriangel, Fuente: RelatosEróticos
... conmigo». Sin esperar respuesta, me llevó hacia los pasillos, lejos del bar. Caminamos en silencio hasta que encontramos un baño de esos individuales, de lujo, con mármol por todos lados. Entró primero, miró que estuviera vacío y me jaló adentro, cerrando la puerta con llave. Ahí adentro, en ese espacio chico iluminado por una luz tenue, nos quedamos mirando un segundo. Yo estaba re duro, no lo podía creer. Él se apoyó contra la puerta y me dijo: «Sé lo que estás pensando». Y yo, boludo, le contesté: «Dudo mucho que lo sepas». Se rió y se acercó, pegando su cuerpo al mío. «Haceme sentir algo que no sea miedo», murmuró, y antes de que pudiera responder, me estaba besando. Fue un beso borracho, desesperado, lleno de lengua y de sabor a alcohol. Yo le respondí con la misma intensidad, agarrándole la nuca y metiéndole los dedos en el pelo engominado. Sus manos me recorrían la espalda, bajaban hasta mi culo y me apretaban contra él. Ahí sentí su pija, dura como una piedra, presionando contra mi entrepierna. «Quiero sentirte», me dijo, rompiendo el beso y jadeando. Sin pensarlo, me arrodillé ahí mismo, en el piso frío de mármol. Le desabroché el cinturón, le bajé el cierre y le metí la mano dentro del boxer. Su pija era exactamente como me la imaginaba: grande, gruesa, caliente y palpitando. Se la saqué y la empecé a chupar como si no hubiera un mañana. Sabía a sal y a precum, y él gemía bajito, apoyando las manos en la pared y moviendo las caderas. «Sí, así, dale», me ...
... animaba. Pero él no quería solo eso. Me levantó y me dio la vuelta, apretándome contra el lavamanos. «Abríte», me ordenó, y yo obedecí, separando las piernas. Con una mano me bajó el jean y la ropa interior, y con la otra escupió en sus dedos y me lubricó el orto. «¿Estás seguro?», me preguntó, y en sus ojos borrachos había una chispa de lucidez. «Sí, dale, hacelo», le dije, y sentí cómo la punta de su pija buscaba mi entrada. Fue lento al principio, un dolor intenso que se transformó en placer puro. Cuando estuvo todo adentro, nos quedamos quietos un segundo, jadeando. Él me abrazó por detrás y me mordió el cuello. «Esto es lo único real que pasó hoy», susurró, y empezó a moverse. El ritmo era brutal, un vaivén que hacía que el lavamanos golpeara contra la pared. Yo me agarraba del mármol, ahogando los gemidos en el brazo. Él me cogía con una furia contenida, como si quisiera sacarse toda la frustración del día. «Tu culo es increíble», gruñía, metiéndose más y más hondo. Yo estaba en otro planeta, sintiendo cada embestida, cada vez que sus bolas me golpeaban, cada vez que sus dedos se clavaban en mis caderas. En un momento, me giró y me sentó sobre el lavamanos, enfrentándolo. Así pude verle la cara: sudorosa, desencajada, pero con una sonrisa de puro placer. Me envolvió las piernas alrededor de su cintura y siguió metiéndomela, ahora más lento pero más profundo. Nos besamos otra vez, un beso sucio y húmedo, y yo le acariciaba la espalda, sintiendo los músculos ...