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Decadencia filial: Un acuerdo inesperado (1)
Fecha: 03/06/2026, Categorías: Incesto Autor: DeRelatos, Fuente: CuentoRelatos
Los personajes de este relato tienen las siguientes edades: Manuel (19 años), Mariana (44 años), Carla (21 años) y Paula (18 años). Manuel se levantó de la cama al escuchar a su madre llamándolo por fuera de su habitación. Bajó las escaleras con cierto miedo y nerviosismo por el aprieto en el que se había metido. Su hermana Carla estaba cansada de lo que le había estado haciendo y al final se lo contó a su madre. Carla considera a su hermano un pervertido. Lleva mucho tiempo obsesionado con su culo. Ella siempre ha tenido un trasero llamativo, por lo que su hermano no paraba de insinuárselo, le decía obscenidades y a veces le daba una nalgada. Con el paso de los años, sus molestias se volvieron más intrusivas: la tomaba por atrás, sacudía sus nalgas para luego intentar apretarlas contra su erección y frotarse contra ella cuando estaba boca abajo o agachada. Empezó a hacerlo con su hermana menor, Paula, pero el culo de Carla está mucho más formado, por lo que al final la eligió a ella. A pesar de todo, Manuel nunca se atrevió a intentar hacerle algo fuera de la casa. Ni siquiera alguien como él iba a ser tan estúpido como para atreverse a tanto. Aunque, de vez en cuando, intentaba manosear a otras chicas sin que lo vieran. Esto fue la gota que colmó el vaso. Cuando Manuel llegó a la sala, su madre Mariana, le hizo saber con dureza y de forma pausada por qué lo había llamado. La escuchó atentamente mientras tragaba saliva nervioso. —Esto se ha salido de ...
... control y se acaba ahora mismo. Aquí mismo… ¡Ahora! Mariana lo miró fijamente a los ojos y no hizo falta saber que no debía apartarle la vista, aunque él quisiera. —Deja a tus hermanas y a todos los demás en paz. Entiendo que eres joven, que tienes impulsos, y en tu caso fetiches. Pero tienes que saber que, si sigues así, podrías ir a la cárcel por agresión. ¿Has entendido? Manuel asintió con la cabeza mientras su madre, con una mano sobre la frente y la otra en la cintura, caminó dos o tres pasos de un lado al otro. —Mira… a muchos hombres les gustan los traseros, y es evidente que tú sientes una atracción particular hacia ellos y que te estimula especialmente frotarte. Mariana hizo una pausa, se sentó de frente a su hijo, respiró profundo y suspiró. —Está claro que tenemos que sacar esto de tu sistema con regularidad y mantenerlo entre nosotros. No podemos permitir que tu problema afecte a todo el mundo. Así que estoy dispuesta a… bueno, sacrificarme por el equipo, por así decirlo. Manuel se sorprendió, con los ojos desorbitados. No podía creer lo que su madre le estaba diciendo. —Podrás aliviar tus impulsos conmigo, así obtienes lo que quieres y dejas en paz a todos los demás… especialmente a los miembros de tu familia. Esto no será como tu quieras, como lo has estado haciendo, sino que lo haremos mis términos. No me quitaré la ropa, y mucho menos… bueno, ya sabes. Sin embargo, dejaré que me abraces por detrás… así también… que me acaricies y te frotes ...