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La saga de Gabriela: Despertar
Fecha: 07/06/2026, Categorías: Hetero Autor: Noctis Rouge, Fuente: TodoRelatos
Parte 1: Solos en casa La casa estaba en silencio, demasiado silencio. Gabriela se asomó por la ventana de su cuarto por quinta vez en menos de dos minutos. Su papá no había dejado el auto, su mamá le mandó una foto desde el supermercado, y su hermano probablemente seguía en la academia. Era su momento, se mordió el labio al mirar la hora en su celular: 4:17 p.m. Adrián llegaría en tres minutos. Ella ya estaba lista. O casi. Se ajustó los lentes, caminó descalza sobre el piso de su cuarto y se detuvo frente al espejo. Usaba una blusa suelta, sin sujetador, y un short negro de tela delgada. Se giró apenas para mirarse la espalda, subió el cabello en una cola alta y suspiró. No era vanidad: era nervios, era deseo contenido. Habían estado juntos ya varias veces, pero cada encuentro con él la dejaba temblando, y ese día, sola en su casa, no pensaba guardarse nada. Un golpe seco en la puerta la hizo brincar. Lo reconoció de inmediato. —¿Hola? —La voz de Adrián, grave, tranquila, con esa sonrisa que se le colaba hasta los muslos. Gabriela bajó. Abrió la puerta. Ahí estaba él: 1.83 de tentación. Camiseta blanca ceñida, el tatuaje apenas visible por el borde de la manga, y esas manos, Dios, esas manos.Venía con las mangas recogidas, y ella ya sentía cómo su cuerpo reaccionaba. Mirarle los dedos largos, las venas marcadas, los movimientos pausados cuando cerró la puerta detrás suyo... era como ver porno en cámara lenta. —¿Segura que estás sola? —le susurró él, ya ...
... inclinándose para besarle la mejilla. —Segurísima. Él la abrazó por la cintura, y ella sintió cómo su pecho se apretaba al de él. El olor a mar y jabón la envolvió. Él bajó una mano por su espalda hasta el límite del short. Solo apoyó los dedos ahí, sin avanzar más. —Qué rica hueles —le dijo al oído. Ella sonrió, pero su corazón iba a mil. Lo guió a su cuarto, sin prender luces, dejando que la luz natural que entraba por la ventana lo iluminara todo: el desorden leve en la cama, su laptop aún abierta, y la botella de agua sobre el velador. Cerró la puerta con seguro. —¿Tienes calor? —le preguntó. —Un poco. —¿Y sed? —Depende de qué me vas a dar. Ella rió y caminó hacia él con calma. Se sentó en la cama, cruzó las piernas y lo miró. Se quitó los lentes, los dejó a un lado y lo observó sin decir nada. Él se acercó hasta quedar entre sus piernas, sin tocarla. Solo la miraba. —Tienes esa cara de que vas a hacer algo que no deberías —le dijo Gabriela. —¿Y tú? —le respondió Adrián, inclinándose—. Tienes esa cara de que no vas a detenerme. El primer beso fue lento. Ella sintió cómo él tomaba su rostro con ambas manos, cómo sus pulgares la rozaban con cariño. Eso le encantaba: el control que él tenía con solo tocar, con solo usar sus dedos. Cuando la lengua de Adrián entró en su boca, ella ya sentía que le latía todo el cuerpo. Se presionó más contra él, sintiendo su dureza a través del pantalón, mientras las manos masculinas bajaban por sus costados, ...