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La saga de Gabriela: Despertar
Fecha: 07/06/2026, Categorías: Hetero Autor: Noctis Rouge, Fuente: TodoRelatos
... jugando con el borde de su blusa. —Sácatela —le pidió él, suave. Ella obedeció, dejándola caer al lado. Sus pechos quedaron al descubierto, y Adrián se inclinó para tomarlos con sus manos, lentamente, casi con adoración. Los masajeó despacio, con los pulgares sobre los pezones, haciendo que ella contuviera un gemido. —Tus manos... —susurró Gabriela, jadeando—. Me vuelves loca con solo eso. Él la miró directo a los ojos. Sin decir nada, llevó una mano entre sus piernas, por encima del short, y empezó a frotar con presión suave, círculos lentos. Ella se abrió un poco más, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba. Entonces, él se inclinó, y con un movimiento firme la cargó. Ella envolvió sus piernas en su cintura, riéndose sin aire. —Dios, Adrián... —Shh... —le murmuró—. Te quiero toda mía. La recostó en la cama con cuidado, sin dejar de besarla. Bajó besos por su cuello, su pecho, su abdomen. Le quitó el short con lentitud. Ella ya estaba húmeda. Muy húmeda. —No me hagas esperar —le dijo ella, la voz temblando. Pero Adrián no se apuró. Abrió sus piernas y bajó su boca sobre ella, sin aviso. La lengua se deslizó con precisión, mientras sus dedos abrían, masajeaban, presionaban. Gabriela se arqueó, se mordió los labios, se sostuvo de las sábanas mientras su cuerpo se sacudía con oleadas de placer. Cuando sintió los dedos dentro, ella jadeó con fuerza. —Sigue... sigue... Y él siguió. Con ritmo. Con técnica. Con hambre. Hasta que ella explotó contra ...
... su lengua, temblando, sin poder contener los gemidos. Parte 2: Someterse a sus manos El orgasmo le recorrió el cuerpo como una corriente eléctrica. Gabriela apenas podía respirar. Seguía con las piernas abiertas, la piel erizada, y la respiración entrecortada. Adrián se incorporó despacio, lamiéndose los labios con satisfacción. Sus dedos aún húmedos recorrieron su muslo, y ella sintió que se encendía de nuevo. —¿Te gustó? —le preguntó él, con esa mirada que siempre la desarmaba. —¿Lo dudas? —respondió ella con una sonrisa traviesa, aún recuperándose. Él se levantó de la cama, se quitó la camiseta y el pantalón sin apuro. Gabriela lo miraba desde abajo, mordiendo su labio inferior. El torso firme, los tatuajes que recorrían su brazo derecho, las líneas marcadas que desaparecían bajo el bóxer y las manos… las manos que acababan de hacerla venir como nunca. —Pónte en cuatro —dijo de pronto, su voz grave, casi un susurro de orden. Gabriela no respondió. Solo se giró con lentitud, apoyando las rodillas en la cama y arqueando la espalda. Sentía el pulso entre las piernas. Adrián se arrodilló detrás y bajó el bóxer, liberando su erección. Ella miró hacia atrás por encima del hombro. Adrián se estaba tocando con una mano. Con calma. Con esa forma suya de provocar sin apurarse. —¿Vas a seguir solo mirándome? —le dijo ella. Adrián se inclinó sobre ella y la tomó de las caderas con fuerza. Gabriela sintió la punta rozarla. Se estremeció. —Necesito verte ...