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Corrida anal con beso negro. En busca de los 4 pedos
Fecha: 12/06/2026, Categorías: Sexo Oral Autor: Ivan, Fuente: CuentoRelatos
Era la cuarta vez que quedaba con Miranda… Ella tenía sexo convencional con otras personas, pero conmigo solo quería que le hiciera un beso negro. Decía que el sexo es saludable pero que para ella el verdadera placer venia de un orgasmo anal con una cara entre las nalgas. Mi relación con ella se limitaba a acudir cuando ella quería y disfrutar de su culo. Ella se aseaba, se ponía guapa e incluso se aceitaba un poco el culo para la ocasión. No era sexo oral sin más, era un placer muy profundo. Aquel día fui a su casa y la vi arreglada y perfecta como siempre. Rubia, mediana estatura, culazo, piernas largas, maquillada, pero en sudadera y vaqueros. Y con botas. Según vi las botas supe cómo iba a empezar aquello. Yo fui guapo, una camisa, también vaqueros, pero a mí lo arreglado que estuviese me iba a durar poco. Miranda y yo intercambiamos un par de comentarios elogiando al otro y poco después empecé a tocarle el culo suavemente. La llama comenzaba a prenderse poco a poco y el silencio se hizo. Ella contorneaba las caderas para pedir actividad y metí mi mano en sus pantalones para acariciar su culo entre sus nalgas. Muy poco después me hizo sacarla y yo voluntariamente la olí. La miré a los ojos con cara desafiante y cuando quise volver a acercar la mano me paró y me hizo un gesto para que me tumbase en el suelo. Obedecí. Ahí es donde entraban las botas. De dos pisotones puso sus botas cerca de mis orejas y me tentó con las vistas. Sacudió un poco las ...
... caderas y comenzó a agacharse. Su culo se acercó tanto a mi cara que casi pensé que me lo comería con ropa y todo pero entonces volvió a poner de pie. Se quitó los vaqueros lentamente, se quitó la cremallera de las pierneras y se los quitó del todo. Unas piernas largas y un culo gordo al final es lo que veían mis ojos desde el suelo, ni siquiera veía el color del tanga. Ahora sí, comenzó a agacharse y pude ver una línea negra que era un tanga. Justo después del tangas y a medida que se separaban aquellas gloriosas nalgas apareció un ano redondo y marrón oscuro que fue inexorablemente directo a mi boca. Pero lo paró a un palmo. Aún no podía chupar. No podía tenerla más dura. Veía aquello y no podía chuparlo. La escuché reír. -Por favor -le rogué Se volvió a reír y bajó un poco más. Pude olerlo… Las vistas eran inmejorables. Se separó un poco las nalgas y seguí oliendo, un olor caliente y sucio, casi prohibido, lo quería para mí. Volvió a reír y acabó de bajar el culo para que pudiese lamerle el ano. Mi cara se llenó del calor asfixiante de las nalgas de Miranda y mi lengua rozó su ano con la suavidad de la que fui capaz. Lamía y lamía como si quisiera sacarle brillo. Cada vez que respiraba el calor de su raja me mareaba un poco más… Ella bajó más y me enterró del todo en su culo para restregarme su ano por toda la cara. Luego subía y bajaba para jugar con mi respiración. Y me lo volvía a restregar. El sabor el olor y el calor hacían de aquello algo tan duro como ...