1. Mi mujer me engaña con familia y amigos - final


    Fecha: 26/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: CMoriarty, Fuente: TodoRelatos

    ... se acarició el coño sobre el pantalón de chándal. Estaba sentada a mi lado y no me lo podía creer. Cerraba los ojos mientras se acariciaba ante la mirada de mi hermano, que transitaba de la ira a la perplejidad, y a algo más. Sara gemía suavemente, un poco exagerada.
    
    - Cómo me han follado todos ellos… el próximo día le pediré a tu madre que nos grabe a Fede y a mí para que se te pongan los dientes largos… -y volvió a reír, justo antes de cerrar los ojos de nuevo y abandonarse a su autoplacer-. Quizás hasta les diga que es para ti, para que veas lo que te pierdes.
    
    Sara buscaba la victoria total. Temí tanto como admiré, loco de excitación, a esa mujer que usaba tan bien su sexualidad como arma. Mi mujer, la que me tenía cautivo y aceptando cosas que jamás pensé que aceptaría. Se bajó los pantalones hasta las rodillas, se recostó en el sofá, apoyando su torso sobre mí y con las piernas flexionadas, con sus pies desnudos sobre el sofá y su coñito, ya sin ropa, mirando hacia mi hermano, que estaba en el sillón de al lado. Mientras con una mano se masturbaba y provocaba sonidos húmedos en el salón, con la otra se había bajado los tirantes de la camiseta y se la había enrollado bajo las tetas. Mi hermano la miraba como ido, no se perdía detalle y a la vez parecía ver más allá de ella. De pronto, apretó los dientes y negó con la cabeza. Alzó los ojos y me pilló mirándole. Siguió negando con la cabeza y, cogiéndome por sorpresa, se levantó. Se aflojó el cinturón, bajó sus ...
    ... pantalones y sus calzoncillos hasta debajo del culo y mostró una polla dura a reventar.
    
    - Me la voy a follar, Marcos.
    
    No preguntó, afirmó. Su tono parecía añadir “tanto para mi pesar como para el tuyo”. Sara lo había escuchado todo pero no abrió los ojos hasta que mi hermano le hubo juntado las piernas hacia un lado. Entonces, ya con mi hermano sobre ella, como un león sobre un cervatillo, le miró. La cara colorada, descompuesta de deseo y contradicciones de mi hermano, que no aguantó más y se la metió.
    
    En la casa rural, solo en mi cama, recordé lo poco que había aguantado mi hermano y lo placentero, sin embargo, que fue el orgasmo de los dos. La excitación de la situación, de la pelea, del enfado, de los celos, de las ganas mutuas… Raúl no podía alcanzar tantos puntos como mi hermano, pero podía aprovechar bien los suyos como amigo mío. Y dejarse llevar con ella, encontrar el lenguaje común de lo que a ambos les gustaba hacer, sabiéndose escuchados por mí y por nuestros amigos. Esa era la clave con Raúl: a mi mujer le daba igual cómo follárselo, disfrutaría mientras fuera con oyentes que supieran que yo era un cornudo, y con cualquier práctica que hiciese ruido. Los detalles sobre lo que esos dos harían, ninguno de los dos me los iba a contar. Sabía que Raúl era mi confidente oficial sobre otras relaciones sexuales de mi esposa, pero no lo sería de las que tuviera el mismo. “Quizás tengas que preguntarle a Chema”, me vaciló Sara, sabiendo que mi compañero de trabajo iba a ...
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