1. La locura de los cuarenta (3 - final)


    Fecha: 01/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Isabel, Fuente: CuentoRelatos

    ... me las quité con ágil movimiento, mientras él se tapaba la verga con ambas manos. Las deslicé en el bolsillo de mi pantalón y dando un par de pasos, seguí el ritmo del baile con las manos recargadas en la columna, l culo ligeramente en popa y las piernas apenas balanceándose sobre los tacones. Él se me acercó por detrás, beso mi oreja y casi sin ayuda, gracias a su firmeza y mi humedad, se deslizó dentro de mí.
    
    Seguí moviéndome suavemente al ritmo del baile, sin separar los pies del suelo, apenas con la cadera, con ganas de gritar, ganas de ser rota, ganas de ser usada por los dos o tres que se daban cuenta perfecto de lo que estábamos haciendo Franco y yo y que me miraban con sonrisas lascivas. Y yo solo bailaba y bailaba mientras él, muy quieto, respiraba con ruido y me tenía firmemente tomada de la cintura.
    
    Me vine, casi eyaculé como hombre y dándome vuelta, escurriendo fluidos, lo besé largo y le pregunté: “¿subimos?” Y subimos, y bailé sobre su verga, sobre su ancho y depilado pecho, y tuve tres o cuatro orgasmos antes de que él me llenara con un mugido vacuno y luego, como tantos otros, se fue de mí. Como a ninguno de aquella época, lo que detener. Sólo a él y a Jessica volvía buscarlos, en vano. A los demás, los dejé pasar, irse, dejar sus marcas en mi cuerpo, llevarse mi olor y mis besos.
    
    Si, Jessica, que una noche de locura me enseñó el sabor de una vagina, lo que se siente tener un clítoris entre los dientes, las magias que sabe hacer cierto tipo de mujer ...
    ... para llevarte al orgasmo. Me abordó en la barra de un bar, directa y abierta.
    
    —Te he visto desde hace rato y me encantaría llevarte a la cama.
    
    —Pero es que yo necesito el pito de un señor.
    
    —¿Segura?
    
    No lo estaba, y me fui con ella y luego de que ella me hizo sexo oral yo quise hacérselo y nos soñé rodeada de dos o tres varones, p medio regimiento, con mi firme culo al aire chupando a aquella chica, chupándola, haciéndola gemir con mi lengua y con mis dedos, durmiendo muy juntitas, volverlo a hacer en la mañana y desayunar juntas y yo, salir disparada en busca de un hombre que me diera verga, que me partiera como Dios manda.
    
    Lo encontré en el metro. Muy mal, ya se que así aliento a los perversos, a los miserables que hostigan adolescentes, pero fui yo quien recargó mis pechos en su espalda, quien se repegó innecesariamente a ese joven lector –porque leía un buen libro, porque llevaba una playera del equipo de la Universidad–. Fui yo quien lo invitó al hotel y yo quien, con ansia de doce horas, chupé su pito hasta obtener una erección satisfactoria, yo quien lo monté, yo quien lo utilicé como objeto sexual.
    
    De ese año, de esas 31 vergas y esa única vagina me quedó el pendiente grave de hacer un trío, porque todos fueron de uno en uno… y me quedaron también varias lecciones:
    
    Primero: es cierto que no importan lo grande ni lo grueso, sino la firmeza y la manera de usarlas. No importa tanto que el tipo sea alto o chaparro, gordo o flaco, sino que sepa usarla y ...