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Yo, Clara, amando sumisamente a Gunilda, el amor de mi vida
Fecha: 06/07/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
Todo lo que deseo y fantaseo con Gunilda, la mujer madura de la que llevo meses locamente enamorada. Lo más morboso de todo es que ella en la vida real es hetero y yo soy bisexual y muy femenina, más que ella (no es ni masculina ni tampoco muy femenina), y en mis fantasías yo soy su dama sumisa y bisexual y ella mi gladiadora dominante, capaz de amar mi cuerpo como lo haría un hombre y más lesbiana que las lesbianas. Así es: Era una tarde cálida en una ciudad del sur de Catalunya, con el sol poniente proyectando una luz dorada a través de la ventana abierta del pequeño apartamento con unas espectaculares vistas al mar y al acueducto y el circo romanos donde nos habíamos refugiado después de un día explorando la ciudad. Yo, con mi menudo cuerpo (1,59 m, delgada, femenina), mi blanca y delicada piel y mi cabello lacio castaño recogido con una coleta, estaba sentada en el suelo, con mi vestido estampado favorito y mis manos delicadas con dedos de pianista descansando nerviosamente sobre las rodillas. Delante de mí, ella —mi amada, Gunilda— se sentaba en una silla, su figura robusta e imponente (gordita, mide cerca de 1,90 m, todo un armario ropero) llenando el espacio con aquella esencia dominante 50/50 (ni muy masculina ni muy femenina) que tanto me encanta. Su majestuoso cabello largo y castaño con flequillo recto le caía por encima de los hombros, no llevaba puesto nada más ni nada menos que un top y un culote deportivos de licra negra, intuyendo un prominente ...
... bulto por debajo del culotte. Además, sus botas altas negras de cuero, con plataforma y tacón grueso reposaban firmes sobre el suelo, marcando su presencia dominante. Me miró con esos ojos profundos detrás de sus gafas de cristales grandes y montura negra, una sonrisa tierna jugando en sus delgados labios, y levantó una pierna con gracia, ofreciéndome la bota como un regalo silencioso. «Ven aquí, pequeña mía», dijo con esa voz profunda, cálida y sensual, y yo, con el corazón latiéndome con fuerza, me acerqué, arrodillándome ante él. Mis manos temblaron ligeramente cuando acerqué los labios a la piel brillante de la bota, besándola con reverencia. El tacto del cuero, la plataforma y el tacón grueso era frío y suave bajo mis labios, y dejé que mi lengua paseara con delicadeza, un gesto de adoración que me hacía sentir pequeña pero conectada con ella. Minutos después, ya estaba besando y lamiendo las dos botas. Ella me observó, con una mezcla de ternura y placer en los ojos mientras con los grandes dedos de su manaza acariciaban mi cabello y movía los dedazos de su otra mano dentro de la bota, como si disfrutase de mi gesto. En un momento dado, vi como se levantaba un poco del sillón y sus dedazos se deslizaban sensualmente por su culote, haciéndolo bajar lentamente por sus poderosas piernas, hasta llegar a sus pies, a sus botas. Sentía más y más calor y humedad dentro de mí. Mi olfato, mis labios y mi lengua empezaban a deleitarse con el dulce néctar de su amor por mí al ...