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Yo, Clara, amando sumisamente a Gunilda, el amor de mi vida
Fecha: 06/07/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
... mismo tiempo que con sus sexys botas. Sentía más y más calor y humedad dentro de mí, hasta el punto de sentir un irrefrenable instinto de estimular mis sensibles y duros pezones por encima y hasta por debajo de mi vestido turquesa y mi sujetador. Entonces, ella me sonrió con dulzura y picardía, tomándome de la barbilla con dos de sus dedazos y acercando mi rostro al suyo así como nuestras mandíbulas, la mía tan delicada y la suya tan tosca. Mis carnosos labios se encontraron con los suyos y nos besamos. Seguidamente, tomé con mis manitas sus dos manazas y empecé a lamerlas una por una, introduciendo con gran avidez sus dedazos en mi boca, abarcándolos hasta la entrada de mi garganta. Transcurridos unos minutos, la abracé y mi boca descendía por cada milímetro de su blanca y dulce piel: su cuello, sus anchos hombros, sus grandes tetas por encima y por debajo del top, lamiendo con avidez sus estremecidas areolas así como sus carnosos pezones y colocándole de nuevo la prenda. Seguidamente, por la blanca piel de su fuerte y gordita barriga, hasta llegar donde más deseo. ¿Qué es lo que me encuentro? Un primer plano de su intimidad, de su humedísima rosa del amor sin ningún rastro de vello, cuyo dulce aroma se filtraba por mis fosas nasales, así como de su grande clítoris bien enrojecido y en tensión. Al mismo tiempo, me encuentro con que lleva un arnés bien fijo a su grande cintura con un aparato en forma fálica y no precisamente pequeño, de ahí el prominente bulto por ...
... debajo del culote. Entonces, mis carnosos labios y mi lengua succionan su grande y precioso clítoris acompañado de su dulce néctar y al mismo tiempo hacen una ardiente felación al aparato, al principio lentamente y con cuidado y después con más avidez y gula, haciendo que mis carnosos labios y mi boca abarquen todo lo posible, como con sus dedazos hasta la entrada de mi garganta, sin llegar a ahogarme. Todo con una pasión desenfrenada. «Así, mi pequeña, mi princesa, así, muy bien», me dice excitada acariciándome el cabello y las mejillas, mientras lleno su cuerpo de amor. Sus gemidos eran una sensual melodía que inundaba toda la estancia e hice que su cuerpo terminara fundiéndose en intensos orgasmos. Después de un momento eterno, se subió de nuevo el culotte y se inclinó hacia delante, su pelo largo rozándome sensualmente la cara mientras desataba lentamente la bota con movimientos deliberados. La sacó con una suavidad calculada, dejándola caer al lado con un sonido sordo, y entonces liberó a la otra, quitándolas una a una delante de mi cara. El olor a cuero se mezclaba con el aroma natural de sus pies, que habían estado encerrados dentro de esas botas todo el día, y yo sentí un calor creciente dentro de mí. Sus preciosos pies, bien robustos y grandes para pertenecer a una mujer, aparecían delante de mí, con una piel ligeramente enrojecida y una capa de sudor que sólo añadía una capa de autenticidad al momento. Con un susurro suave, ella me dijo: «Tócalos si ...