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Mentis (capítulo 6: El regreso) RESUBIDO
Fecha: 06/07/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Srxxx, Fuente: TodoRelatos
... que el libre albedrío era una construcción. Que todo podía desprogramarse… y reescribirse. El director bajó la mirada. Como si le doliera recordarlo. —La sala… Mentis. La construyó él. En secreto. Con el permiso tácito de uno de los antiguos decanos, ya fallecido. Durante años bajaba allí con estudiantes voluntarios… y con otros que no sabían que lo eran. Hizo una pausa. Tragó saliva. —Yo… no formaba parte de aquello. No entonces. Era joven. Él me protegía. Pero con el tiempo, la cosa se volvió turbia. Los rumores empezaron a correr. Que manipulaba. Que... hacía cosas. Aurelio entrecerró los ojos. —¿Y lo echaron? —No. Se fue. Antes de que lo hicieran. Lo declararon inestable. El consejo lo tachó de "desequilibrado". Y yo… no supe qué hacer. El director levantó la mirada. Estaba roja. Vacía. —Murió solo. En un piso alquilado, con una botella a medio terminar y… con todos sus apuntes quemados en la bañera. Fue hace unos diez años. —Pero no era un loco —dijo Aurelio. El director negó lentamente. —No. No lo era. Lo vi una vez. Vi cómo una chica que lo odiaba… pasó a amarlo. En segundos. Y no fue sugestión. No fue charla. Fue como si le hubieran... arrancado la voluntad y la hubieran vuelto a poner. Distinta. Aurelio lo escuchaba, tenso. —¿Tenía familia? —preguntó. —Un hijo. Científico. Vive en Madrid. Sé que trabaja en un laboratorio... uno serio. Un centro estatal. Pero no sé cuál. Hace tiempo que perdí el ...
... contacto. Mi sobrino… me odia. Y no se nada de si tiene familia o no. Aurelio dio un paso atrás. Lo dejó hablar. —Todo eso… lo de Mentis, los experimentos… es de antes. Antes de que yo fuera director. Solo quedaban las ruinas. Las puertas cerradas. Nadie bajaba allí. Hasta tú. El silencio volvió. Y en medio de él, Aurelio sonrió. No por alegría. Sino por certeza. Ya no se trataba de mujeres. Sino de poder. ------------- Encendió la luz del salón. Y se le heló la sangre. Su madre. Magdalena. Estaba en el suelo. A cuatro patas. Completamente desnuda. Un collar plateado brillaba en su cuello como una mordaza muda. El cuerpo, antes siempre cubierto, estático, digno... ahora temblaba levemente bajo la luz. Tenía el pelo desordenado, la espalda arqueada y la piel marcada por lo que parecían correas o manos. No dijo nada. Ni se giró. El chico dio un paso atrás. No podía dejar de mirarla. El cerebro no encontraba sentido. Aquella no era su madre. Aquello era otra cosa. Tragó saliva. —¡M-mamá...? Ella apenas levantó la cabeza. No habló. Sus ojos ni siquiera buscaron los suyos. Unas piernas bajaron por las escaleras. Lucía. Vestida con una camiseta corta, sin sujetador. El pelo revuelto. Cara lavada, pero sonriendo. No parecía sorprendida al verlo. Ni siquiera alterada. —Hermano... ¡Has llegado antes de lo que pensábamos! Él miró a Magdalena, luego a su hermana, luego de nuevo a su madre. La tensión en su ...