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Algo más que una puta
Fecha: 07/07/2026, Categorías: Transexuales Autor: vorpatril, Fuente: TodoRelatos
... hasta agarrar firmemente mi culo. Su lengua ya exploraba mis dientes y jugaba al escondite con la mía. - Besas bien. Dame más lengua. Entonces ella empezó a desnudarme a mí, ahora sus diestras manos abrieron los botones de mi camisa, sus maquillados labios besaban primero mi largo cuello, luego mis hombros y por fin bajando los tirantes del blanco sujetador mis anhelantes pechos. Se metió mis pezones en la boca duros por la excitación. Revolvía su rubia melena entre mis dedos, apretándola contra mis senos. Me hacía gemir. - Lo haces bien. Pensé que te gustarían más los chicos. - Déjate de hablar y bésame. O te como yo. Una vez libre del sujetador me empujó al colchón. Arrodillada a mis pies me sacó las sandalias de tacón y mi pantalón masculino de pinzas. Me dejó solo el tanga blanco. Subió sobre mis piernas, depositando en ellas dulces besos y parte del carmín que cubría sus labios. Al poco se posó sobre la blanca licra y mi monte de venus. Aún guardo esa braguita blanca con la roja marca de su barra de labios. Subió por mi vientre lamiendo mi ombligo, la curva de mis costillas, la parte baja de mis grandes senos. Sorbía mis oscuros pezones, la gran areola o los cogía entre sus blanquísimos dientes. Y yo suspirando ya no podía ni hablar. Mordisqueaba mi piel suave. Volvió a besar mi boca ávidamente lamiendo cada rincón. Sentía el calor de nuestras tetas juntas, frotándose. Nuestros vientres y su cada vez más duro pene entre mis piernas abiertas. ...
... Sin apartar su boca de la mía y sin sacarme el tanga, solo haciéndolo a un lado su elástico entró en mí. Lo hizo profundo, mis piernas rodearon su cintura para facilitar la penetración. - Fóllame. Le arañaba la espalda, intentaba alcanzar sus nalgas musculosas con las manos o sus muslos o toda su bronceada piel. La sentía en mí, poderosa, en mis entrañas, colmada por su fuerza, por su polla. Mirándonos a los ojos, oliendo solo el sudor de nuestra piel, sumergidas en la extraña música oyendo solo nuestros corazones. El momento duró siglos y solo entonces su cadera comenzó a moverse. El éxtasis y la gloria. La apretaba cada vez mas fuerte entre mis muslos cruzándolos por detrás de su musculoso culo. Su polla fuerte y serena, cada vez mas dentro de mi cuerpo a cada golpe de su cadera. Sus pechos sobre los míos. Toda ella se movía como queriendo entrar en mí. Como si toda ella en mi interior tocara cada uno de los puntos sensibles. Yo me abría para ella con una flor. Ella con su sabiduría de mujer me arrancaba cada uno de esos orgasmos. Ella se corrió, su semen caliente ardía en mis entrañas. Mi sexo quemaba y ella aún dura por unos minutos más seguía en mí. No oíamos nada mas que nuestra respiración. No veíamos más que los ojos de la otra. No olíamos nada mas que nuestro sudor y dos gotas del perfume que me había puesto esa tarde antes de salir de casa. No tocábamos mas que nuestra piel. Y no saboreábamos nada mas que la sal de nuestro sudor y la saliva de la ...