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La enfermera
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Confesiones Autor: LeeMartin, Fuente: CuentoRelatos
... Y me di cuenta de que sus mejillas estaban coloradas. Levantó la mano izquierda y se puso el dedo índice encima de los labios, en el símbolo universal de silencio, mientras su mano derecha descendía desde el apósito hasta mi pene erecto, que saltó ante el cálido tacto de su suave piel. Yo, por supuesto, asentí sin emitir sonido alguno. Entonces empezó a mover la mano, arriba y abajo, masturbándome, mientras no quitaba sus ojos de mi ni un instante. Parecía excitarse de ver mi rostro de placer. Continuó un rato de aquel modo, cambiando el ritmo, ahora despacio, subiendo hasta el glande y bajando hasta la base de mi pene, ahora rápido haciéndome sentir que estaba a punto de explotar. Después, se inclinó hacia mi rostro y colocando sus labios casi pegados contra mi oreja me susurró sin dejar de masturbarme: -¿Quieres que la coma? Yo agité mi cabeza asintiendo y ella me miró soltando una risita. Dio un paso hacia los pies de la cama y se inclinó sobre mi pene, sin dejar de mirarme con aquellos ojos grandes. Separó los labios y sacó la lengua lamiendo mi glande que ya estaba humedecido por el líquido preseminal que había brotado mientras ella me masturbaba. Empezó ...
... a chupar mi glande con los labios como si se tratase de un polo o de un chupa-chups, sin dejar de masturbarme con la mano. Su redondo rostro bonito me miraba con la punta de mi pene dentro de su boca, sus labios succionando y su mano frotando arriba y abajo el tallo de mi pene. Enseguida llegué al orgasmo, y de mi pene brotó semen en tres explosiones. La primera pilló a la enfermera desprevenida y le dio un la mejilla. Abrió los ojos como platos, por la sorpresa, pero rápidamente metió mi pene en su boca a punto para el segundo y el tercer disparo de semen, que tragó tan pronto lo tuvo en la boca. Se pasó la lengua por los labios y con un dedo recogió el semen que tenía en la mejilla y se lo metió a la boca, volviendo a tragar. Después apretó mi pene desde la base, subiendo despacio para que saliera todo el semen que se hubiera quedado por la uretra. Una gota brotó y la succionó. Repitió la operación dos veces más, hasta que dejó de salir semen de mi pene. Volvió a pasarse la lengua por los labios. Dejó mi pene, que empezaba a desinflarse, sobre mi vientre con delicadeza y me bajó el camisón. Se irguió y tras guiñarme un ojo, se marchó de la habitación, cerrando la puerta.