1. La sociedad secreta (10) + resumen


    Fecha: 14/07/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... se perdió en mi boca.
    
    Mis manos recorrieron su espalda, bajando con la urgencia de quien teme que el momento se desvanezca si no lo captura por completo. Sentí su piel erizarse bajo mis dedos, y supe que la tenía. La tenía completamente.
    
    Aún con la ropa puesta, la sentí más desnuda que nunca. Mónica dejó de luchar y me devolvió el beso con un hambre que nunca antes habíamos compartido, llevándonos a un borde tan peligroso como adictivo.
    
    La levanté en un solo movimiento, y ella envolvió sus piernas alrededor de mi cintura. La urgencia era insoportable, y el deseo un océano en el que ambos estábamos a punto de ahogarnos.
    
    Mis manos torpes encontraron la blusa de Mónica, tironeando de ella con una desesperación que ni siquiera intenté ocultar. Sentí cómo su cuerpo dejaba de ofrecer resistencia, cómo se entregaba al acto de ser desnudada con una sumisión que me hizo arder por dentro. La tela se deslizó hasta quedar en el suelo, un trofeo silencioso de nuestra falta de control.
    
    Ella no dijo nada; su silencio era una aceptación más ruidosa que cualquier palabra. En segundos la falda y mi camisa se unieron al desorden creciente. La ropa interior fue un obstáculo tan breve que casi no existió. La piel de mamá brillaba bajo la luz tenue de la sala.
    
    Mi cuerpo. El suyo. El sillón acostado para recibirnos.
    
    Sus piernas abiertas como el mar para dejar pasar a los suicidas.
    
    Mi verga erecta le golpeó el vientre.
    
    Mamá jadeó un poco, y la ví cerrar los ojos. Como ...
    ... si eso la salvara de ser partícipe de lo que estaba a punto de suceder.
    
    Puse mi verga en la entrada de su vagina, y por un segundo eterno no supe si sería capaz de seguir sin explotar antes de tiempo.
    
    La penetré lentamente, sintiendo cómo cada centímetro de mi pene desaparecía dentro.
    
    Finalmente, como la muerte misma, nuestras pelvis se tocaron, en una comunión casi sagrada. No pude resistir más y la besé. Ella me recibió sin abrir los ojos pero devorando mi boca con hambre y urgencia.
    
    Me moví con un ritmo que buscó ser constante, pero que se rompía con cada gemido que ella soltaba. Su cuerpo era el mar y el suicida, y yo no sabía si era capaz de seguir mucho tiempo sin venirme. Sentí cómo se ablandaba con cada embestida, cómo se aferraba a mi espalda con uñas que parecían querer arrancarme la piel.
    
    Pasaron algunos minutos, y empecé a temer que el placer nos reventara antes de tiempo. Frené; el vaivén se detuvo casi por completo.
    
    —Mamá —dije—. Abre los ojos.
    
    Ella me miró, y aunque le costó salir del trance, vi un destello de desafío en su mirada. Un destello que no podía permitir.
    
    La solté, y mi verga salió de su cuerpo con un movimiento que sonó más hueco que húmedo. Me senté en el sillón, y golpeando mis piernas, le indiqué que se subiera en mí. Ella dudó por un segundo, pero luego obedeció.
    
    Se dejó caer sobre mi verga, y el empalme fue tan violento que ambos soltamos un gemido al unísono.
    
    —Así —jadeé—. Muévete.
    
    Ella comenzó a cabalgarme, ...
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