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Martín revienta a una vieja gloria del porno
Fecha: 28/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
Recomiendo leer antes el relato “Martín el camionero y su debut en el porno” Casi un mes después, la monótona sinfonía del asfalto seguía siendo la banda sonora de la vida de Martín. Kilómetros y kilómetros de carretera, el aire viciado de las cabinas de los camiones, el olor a gasoil y sudor que se había convertido en su segunda piel. Pero algo había cambiado. Su primer "trabajo", el vídeo de "Pollazos a Domicilio, S.L.", había corrido como la pólvora por los rincones más oscuros de la red. En los descansos, entre partida y partida de dominó en cualquier área de servicio mugrienta, algún que otro compañero lo miraba con una mezcla de admiración y un asomo de asco, susurrando "El Caballo" entre dientes. Martín, con la chulería de siempre, se encogía de hombros, disimulando apenas el brillo de orgullo en sus ojos turbios. La fama, por retorcida que fuera, le sentaba bien. Un mediodía, mientras se zampaba un bocadillo de tortilla reseca con un chorro de aceite que le goteaba por la comisura de los labios, el móvil, pegajoso de grasa, vibró en su bolsillo. Era un número desconocido. —¿Sí? —gruñó Martín, con la boca llena, el aliento a cebolla y patata llenando el pequeño habitáculo de la cabina. —¿Es usted Martín, "El Caballo"? —preguntó una voz femenina, arrastrando las palabras con un tono cansado, casi aburrido, pero con un deje de autoridad que no le pasó desapercibido—. Le llamo de Producciones X. Su primer vídeo… ha sido un exitazo, señor Martín. Una ...
... auténtica locura en las webs más guarras, se lo juro. Hemos pensado en usted para una nueva escena. Nuestro director insiste en que tiene usted un… “talento natural”. Martín tragó el último bocado, el eco de su risa ronca rebotando en el camión. Se limpió la boca con el dorso de la mano. —A ver, suelta. ¿De qué va la cosa? Que el tiempo es oro y los kilómetros no se hacen solos. —Es un "intergeneracional". Necesitamos a alguien con su… contundencia. Alguien bruto, crudo, sin filtros. Y usted, señor Martín, parece que ha nacido para esto. El caché es bueno, muy bueno. A Martín le brillaron los ojos. El dinero, el dinero sucio y fácil, siempre había sido su mayor afrodisíaco. —Me apunto. ¿Dónde y cuándo? Le dieron la dirección: otra nave perdida en otro polígono industrial, esta vez en las afueras de un pueblo dormitorio. Al presentarse allí, dos días después al atardecer, el olor a desinfectante barato y a humedad rancia le golpeó la nariz, mezclándose con el tufo a polvo y a metal oxidado. El set de rodaje era aún más cutre que el anterior, si cabe. Dos focos parpadeantes que apenas iluminaban la penumbra, una sábana sucia extendida sobre un colchón raído en el suelo, y una cámara vieja con el objetivo rayado. Pero lo que verdaderamente le llamó la atención no fue el atrezzo de saldo, sino la figura sentada en una silla plegable de director, con un abanico descolorido en la mano, agitándolo con exasperación, y el ceño fruncido en una mueca de evidente ...