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Martín revienta a una vieja gloria del porno
Fecha: 28/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... hastío. Era un fósil del porno, una veterana que bien podría haber doblado la edad de Martín, rozando o superando los setenta. Intentaba aferrarse a una juventud desvanecida con una peluca rubia demasiado brillante, un corte de melena que gritaba "años ochenta", y una capa gruesa de maquillaje que no lograba ocultar las profundas arrugas alrededor de sus ojos, ni la flacidez de su cuello. Sus ínfulas de diva eran tan evidentes como el olor a perfume barato que flotaba a su alrededor, mientras miraba todo con desdén, como si aquel escenario deprimente estuviera muy por debajo de su presunto talento. —Martín, cariño, te presento a Lola. Lola, este es Martín, nuestra nueva estrella. O, como le llamamos, "El Caballo" —dijo una voz detrás de él, la misma voz femenina que le había llamado por teléfono, ahora más empalagosa. Lola dejó caer el abanico en su regazo y le lanzó a Martín una mirada gélida, escaneándolo de arriba abajo con un desprecio apenas disimulado. Sus ojos, antes focos de lujuria para generaciones de mirones, ahora parecían juzgar cada milímetro de la imponente figura del camionero. A Martín se le antojó una bruja estirada, una "estrella" de pueblo que se negaba a aceptar su ocaso. —¿Este es "El Caballo"? —dijo Lola con un bufido, su voz áspera como papel de lija, una voz carrasposa por años de tabaco y gritos en las alcobas falsas de los platós de porno—. Parece más bien un mulo de carga. Y, francamente, huele a cuadra. ¿Es que no tienen a nadie con ...
... un poco de higiene en esta… producción? Martín soltó una risa ronca, una carcajada que resonó en la nave, desafiante y ofensiva. —Y tú pareces sacada de un museo, abuela. De la sección de momias y antigüedades polvorientas. Pero bueno, ya verás cómo te quito la telaraña. Igual te hago sentir como una potra de nuevo. La cara de Lola se descompuso en una mueca de asco e indignación que hizo temblar sus capas de maquillaje. El director, un chaval nervioso con gafas que parecía estar viviendo su primera gran oportunidad, intervino rápidamente, sudando a mares. —Venga, venga, por favor, ambiente profesional. Empezamos con la mamada, Lola. ¡Vamos! —ordenó el director, mientras indicaba al cámara que hiciera un plano bajo y pedía a iluminación que bajaran la luz frontal. Nada más. Todo improvisado. Lola se levantó con un suspiro dramático, como si le pidieran escalar el Everest. Se desabrochó lentamente la bata de seda barata que la cubría, una prenda con un estampado chillón que recordaba a un vestuario de cabaret. La tela se deslizó, revelando un cuerpo que había conocido tiempos mejores, pero que, a pesar de la flacidez y las estrías, aún conservaba cierto atractivo en sus curvas maduras, en el busto caído pero generoso. Lo que más la excitó, a pesar de su repugnancia visceral hacia Martín, fue el bulto obsceno, protuberante y casi insolente, que Martín marcaba en la entrepierna de sus pantalones. Era una promesa brutal, ineludible. Martín sacó pecho con gesto ...