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Pasión bajo el escritorio
Fecha: 07/08/2026, Categorías: Sexo Oral Autor: Stevensegal, Fuente: CuentoRelatos
Eran las cinco de la tarde cuando ella llegó a mi casa para estudiar. La recibí con una sonrisa y la invité a pasar a mi habitación. Encendí la computadora, nos sentamos juntos y me preparé para explicarle con calma, mientras la luz del atardecer se filtraba suavemente por la ventana. Después de pasar una hora explicándole cómo funcionaba el programa gráfico, llegó el momento de que ella practicara con el software. Le cedí el teclado y el mouse, listo para observar su progreso. Para mi grata sorpresa, en lugar de sentarse a mi lado, se acomodó delicadamente sobre mis piernas, tomándome completamente por sorpresa. Esto me alteró por completo. Me puse tenso y nervioso por su culpa. Su trasero, pequeño pero bien formado, hizo que mi pene se excitara. Además, desde mi altura, podía ver su escote y la forma prominente de sus senos, lo que solo aumentó mi excitación. Sentí cómo mi pene comenzaba a endurecerse y crecer. Minutos más tarde, no pude contenerme. La envolví con mis brazos alrededor de su cintura; antes tenía las manos sobre mis piernas, pero ahora las deslicé suavemente hacia ella, comenzando a acariciarla con delicadeza. Luego, apoyé mi barbilla sobre su hombro y, casi sin pensarlo, la sorprendí con un beso tierno en su mejilla. Ella giró su cabeza hacia mí y me sonrió, con el rostro ligeramente ruborizado. Esa expresión fue como una confirmación de que le había gustado mi beso, así que continué. Primero, dejé un beso suave en su hombro, y mientras lo ...
... hacía, mis ojos se desviaron hacia sus pechos, admirando la figura de la hija de mi vecina. Luego, llevé mis labios a su cuello, y ella respondió con una caricia tierna en mi rostro, intensificando la conexión entre nosotros. Mis besos comenzaron a deslizarse desde su mejilla hasta llegar a su boca. Ambos nos inclinamos, besándonos de costado, una posición un poco incómoda pero llena de ternura. Eran besos torpes pero hermosos, como suele suceder la primera vez. Mientras nos entregábamos a ese momento, mis manos abandonaron su cintura y se deslizaron suavemente hacia sus senos, explorando con cautela y curiosidad. Mientras nuestras lenguas se entrelazaban con una pasión ardiente, mis manos se deslizaron hacia sus pechos, ansiosas por explorar cada curva. Con un deseo que no podía contener, los apreté con firmeza, sintiendo cómo se moldeaban bajo mis palmas. Después de un breve instante, mis dedos buscaron sus pezones, y al encontrarlos, los froté con intensidad, haciendo círculos rápidos y firmes sobre la tela de su ropa. Sentí cómo se endurecían bajo mi tacto, respondiendo a cada movimiento con una rigidez que solo aumentaba mi excitación. Mi pene, ya completamente erecto, palpitaba con una urgencia casi dolorosa, presionando contra la tela ajustada de mi pantalón. Cada roce de su cuerpo contra el mío, cada gemido suave que escapaba de sus labios, solo alimentaba el fuego que ardía dentro de mí, haciéndome desear más, mucho más. La excitación que sentía me llevó a ...