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Pasión bajo el escritorio
Fecha: 07/08/2026, Categorías: Sexo Oral Autor: Stevensegal, Fuente: CuentoRelatos
... deslizar mi mano izquierda para explorar otra parte de su cuerpo. Con cuidado, la metí dentro de su calza negra, provocativa y ajustada. Tras pasar por una zona cubierta de suaves vellos, llevé mis dedos hasta su entrepierna, sintiendo la humedad y calidez de su intimidad. Empecé a acariciarla en esa zona íntima, y sus gemidos suaves y delicados comenzaron a llenar el aire de mi habitación. Mi pene estaba tan duro que sentía que podría perforar el tejido de mi pantalón en cualquier momento. Necesitaba liberarlo, sacarlo y dejar que viera la luz, urgido por la intensidad del momento. En un movimiento decidido, la levanté de encima mío y la dejé parada frente a mí, manteniendo su mirada fija en mis ojos. Sin perder un segundo, me bajé el pantalón junto con mi calzoncillo, liberando mi miembro viril, que palpitaba con una tensión casi dolorosa. Estaba completamente erecto, la piel tirante y el glande enrojecido, ansioso por sentir el calor de su boca. La expresión de mi vecina, entre curiosa y complacida, me confirmó que estaba lista para satisfacer ese deseo que nos consumía a ambos. La miré directamente a los ojos, con una mezcla de deseo y determinación, y le dije sin rodeos: ‘Chúpamela’. Ella, sin vacilar, se arrodilló justo frente a mí, deslizándose entre mis piernas, bajo el escritorio de la computadora. El espacio era estrecho, casi íntimo, y el ambiente se cargó de una tensión eléctrica. Con manos temblorosas, agarró mi pene, que palpitaba con urgencia, y ...
... comenzó a darle besos suaves y tentativos, como si estuviera explorando algo nuevo y desconocido. Su inexperiencia era evidente, pero cada uno de esos besos tiernos y cautelosos solo aumentaba mi deseo, haciéndome gemir en voz baja mientras observaba cómo exploraba mi cuerpo con curiosidad y entrega. Sus besos suaves y tentativos en mi pene solo aumentaban mi tensión, haciéndome sentir como si estuviera al borde de estallar. Necesitaba más, mucho más. Con una voz ronca y cargada de deseo, le dije: ‘Métela en tu boca y chúpala’. Ella, obediente pero aún con cierta timidez, abrió sus labios y deslizó los primeros centímetros de mi miembro dentro de su boca caliente y húmeda. El sonido húmedo y repetitivo de ‘glup glup glup’ comenzó a resonar en la habitación, mezclándose con mis gemidos y su respiración agitada. Cada movimiento de su boca, cada chupada torpe pero llena de esfuerzo, me llevaba más cerca del límite, mientras yo observaba cómo sus mejillas se hundían y sus labios se ajustaban alrededor de mi erección. De forma casi automática, apoyé mis manos sobre su cabeza, hundiendo mis dedos en su cabello oscuro mientras me dejaba llevar por el placer que inundaba cada fibra de mi cuerpo. Me relajé, cerrando los ojos y dejando que mi mirada se perdiera hacia el techo, como si el mundo exterior hubiera dejado de existir. Cada tanto, mi cerebro enviaba pulsos de deseo incontrolable, y mis manos, casi sin pensarlo, ejercían una presión suave pero firme sobre ella, guiándola ...