-
Cruzando el límite con Luciana
Fecha: 09/08/2026, Categorías: Incesto Autor: inflame_blue, Fuente: CuentoRelatos
Era el cumpleaños de mi papá, y la casa estaba llena de risas, música y el aroma a comida casera. La familia se había reunido para celebrar, y entre la multitud, allí estaba ella: mi prima, Luciana. No la veía desde hacía años, y la última vez que la recordaba era una adolescente traviesa y llena de energía. Ahora, frente a mí, estaba una mujer madura, con una familia propia y una mirada que aún conservaba esa chispa pícara que tanto la caracterizaba. —¿Y vos? —me preguntó de repente, interrumpiendo mis pensamientos—. Veo que no subís ninguna foto con ninguna chica. ¿Qué pasa, no tenés novia? Su pregunta, directa e incómoda, me pilló desprevenido. Luciana siempre había sido así, sin filtros, como si el mundo fuera su terreno de juego y todos fuéramos sus compañeros de aventura. Yo, por el contrario, era reservado, especialmente cuando se trataba de mi vida personal. En ese momento, estaba pasando por una situación complicada con una chica, algo que no quería tocar ni siquiera en mi propia mente. —No es tan sencillo —respondí, evadiendo el tema con una sonrisa forzada. La noche avanzó, y después de la cena, Luciana se acercó de nuevo. —Te llevo a tu casa —le ofrecí, sabiendo que vivía cerca. —Gracias, pero… ¿por qué no pasás un rato? Los nenes están con su papá, y la casa está vacía —sugirió con una sonrisa que me hizo dudar. Acepté, más por cortesía que por ganas. Llegamos a su casa, un lugar acogedor pero con ese silencio que solo las casas sin niños ...
... pueden tener. Encendió la televisión y puso una película que ninguno de los dos estaba realmente interesado en ver. Abrió la heladera y saco un fernet ya empezado y una coca. —¿Qué te pasa? —preguntó de repente, mientras el alcohol comenzaba a hacer efecto—. Sé que sos reservado, pero te conozco. Algo te está molestando. La miré, sorprendido por su intuición. Luciana siempre había sido así, capaz de leer entre líneas, de ver más allá de lo que las personas mostraban. —No es nada —respondí, intentando cambiar de tema. —Si querés no me contés, pero sabés que estoy acá para vos —dijo, acercándose un poco más. Sus palabras resonaron en mí, y el alcohol comenzó a desdibujar los límites que siempre había mantenido. La película seguía su curso, pero ninguno de los dos la estaba viendo. En su lugar, nos mirábamos, como si el tiempo se hubiera detenido. —Gracias —murmuré, sintiendo cómo la distancia entre nosotros se acortaba. Sin decir más, nos abrazamos. Fue un gesto natural, como si nuestros cuerpos hubieran estado esperando ese momento. Sus brazos me rodearon, y su aroma, una mezcla de perfume y alcohol, me envolvió. El abrazo se prolongó, y poco a poco, la tensión se hizo palpable. —¿Esto está bien? —pregunté, aunque en el fondo sabía que no lo estaba. —No lo sé —respondió ella, su voz temblorosa—. Pero no quiero parar. Y no lo hicimos. Nuestros labios se encontraron en un beso apasionado, como si todos los años de distancia se hubieran evaporado en ese ...