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Cruzando el límite con Luciana
Fecha: 09/08/2026, Categorías: Incesto Autor: inflame_blue, Fuente: CuentoRelatos
... instante. Sus manos recorrieron mi espalda, y las mías se deslizaron por su cintura, sintiendo la calidez de su piel a través de la ropa. —Esto está mal —murmuré, pero mis palabras se perdieron en otro beso. —Lo sé —susurró ella, antes de llevarme de la mano hacia su habitación. La habitación estaba en penumbras, iluminada solo por la luz de una lampara. Nos miramos, conscientes de lo que estábamos a punto de hacer, pero incapaces de detenernos. Nuestra ropa cayó al suelo, pieza por pieza, como si el tiempo se hubiera acelerado. Su cuerpo era perfecto, con curvas que delataban su vida como madre, pero que no habían perdido su belleza. Sus pechos, firmes y generosos, se elevaban hacia mí, invitándome a explorarlos. Sus caderas, anchas y seductoras, prometían un placer que mi mente no podía ignorar. —Nunca pensé que esto pasaría —dije, mientras mis labios recorrían su cuello. —Yo tampoco —respondió, su voz entrecortada por el deseo—. Pero ahora que está pasando, no quiero que termine. La besé con intensidad, sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba contra el mío. Mis manos exploraron cada centímetro de su piel, descubriendo cada curva, cada rincón que el tiempo había transformado. Ella hizo lo mismo, sus dedos trazando patrones invisibles en mi espalda, sus uñas clavándose suavemente en mi piel. —Sos mi prima —murmuré, como si esa frase pudiera detener lo que ya estaba en marcha. —Lo sé —respondió, antes de guiarme hacia la cama. El sexo que tuvimos ...
... fue salvaje, explícito, como nada que hubiera experimentado antes. Sus gemidos llenaron la habitación, mezclándose con los míos en una sinfonía de placer prohibido. Nuestros cuerpos se movían al unísono, como si hubieran estado esperando ese momento durante años. La penetré con fuerza, sintiendo cómo su cuerpo me recibía con avidez. Sus piernas se enredaron en mi cintura, y sus manos se aferraron a mis hombros, como si temiera que me fuera a escapar. Movimientos rápidos y desesperados se alternaron con momentos de ternura, como si intentáramos convencernos de que lo que hacíamos estaba bien. —Más fuerte —pidió, su voz por el deseo. Y lo hice. La embestí con toda la fuerza que pude, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío. Sus ojos, clavados en los míos, reflejaban el mismo conflicto que yo sentía: el deseo ardiente mezclado con la culpa de lo que estábamos haciendo. —Voy a acabar —gimió, su voz casi un susurro. —Yo también —respondí, sintiendo cómo mi cuerpo se tensaba. Y entonces, en ese momento, todo explotó. Nuestros cuerpos se fundieron en un orgasmo compartido, un grito que llenó la habitación. Caímos exhaustos, nuestros corazones latiendo al unísono, como si hubiéramos corrido una maratón. —Esto no debería haber pasado —dije, mientras la abrazaba, sintiendo su piel húmeda contra la mía. —Lo sé —respondió ella, su voz llena de una mezcla de satisfacción y arrepentimiento—. Pero pasó. Nos quedamos así, en silencio, mientras la realidad de lo ...