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Me cogí a mi suegro, ando desatada!
Fecha: 12/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: mariac, Fuente: RelatosEróticos
¡Ay, niños! ¡No me van a creer lo que me pasó! Les juro que todavía tengo las piernas temblando y la entrepierna… ¡uf, mejor ni les cuento! Pero es que no pude evitarlo, ¡estaba tan caliente que parecía motor de mototaxi en verano! Resulta que mi enamorado, mi bebecito lindo, se fue anoche a las pichangas con sus patas. «Me voy, mi amor», me dijo con esa vozarrita que me derrite, y yo ahí, toda inocente, le di un besito y le dije que se cuidara. Pero en cuanto cerró la puerta… ¡zas! Se me vino a la mente la imagen de mi suegro. Sí, ¡mi SUEGRO! El papá de mi novio, ese hombre grandote, con sus 50 y tantos años, con esas manos grandes que siempre están llenas de grasa de motor porque tiene un taller, y ese olor a hombre sudado que a mí… ay, ¡me vuelve loca! Total que yo ahí, en la cama, revolcándome como gata en celo, no podía sacarme de la cabeza lo que pasó el fin de semana. Fue en el cumpleaños de mi cuñada, en su casa. Todos estaban en el jardín, borrachitos y bailando, y yo me metí a la cocina a buscar más hielo. Y ahí estaba él, mi suegro, solo, lavando unos vasos. «¿Necesita ayuda, suegrito?», le dije, y él me miró con esos ojos que parecen que te desvisten. «Déjeme, María, usted vaya a divertirse», me dijo, pero yo me le acerqué y… ¡ay, no sé qué me pasó! Le pasé la mano por la espalda, muy suave, y sentí esos músculos duros bajo la camisa. Él se quedó tieso, pero no se movió. «Es que usted trabaja mucho, deje que lo ayude», le susurré casi en el oído, y mi ...
... aliento le debe haber llegado calientito porque vi cómo se le erizaba el cuello. En la cocina, con el ruido de la fiesta afuera, se armó una tensión que se podía cortar con cuchillo. Yo me puse a secar los vasos, pero cada vez que me movía, rozaba mi culo contra sus piernas. ¡Y él no se corría! Al contrario, una vez hasta me apretó suavemente contra él y yo sentí algo duro en su pantalón… ¡Dios mío! Me puse más caliente que horno de panadería. En un momento, me pasó un vaso y nuestros dedos se tocaron, y él me agarró la mano así, fuerte, y me miró fijo. «María…», dijo, con una voz ronca que no le había escuchado nunca. Yo solo atiné a sonreír, toda nerviosa, y salí corriendo de la cocina con el corazón a mil. Pero anoche, con la casa vacía, ese recuerdo me estaba matando. ¡No aguantaba más! Me puse a dar vueltas por la casa, y de pura casualidad (o no tanto), me puse una shortsito minúsculo y una blusita sin sostén, de esas que si me inclino se ve todo. Y justo, ¡justo!, tocan el timbre. ¿Y quién era? ¡MI SUEGRO! Ay, casi me da un infarto. «María, vine a dejar unas herramientas de tu novio, se le olvidaron en mi carro», dijo. Yo, toda temblorosa, le dije que pasara. Él entró y se quedó parado en la sala, mirándome. Yo me incliné exageradamente para tomar una botella de agua del suelo, ¡y claro!, se me debe haber visto todo el escote y quizás hasta la mitad de las tetas. Cuando me paré, él estaba más serio que juez. «María… esas pantorrillas… tienes unas pantorrillas muy ...