1. Capítulo 8: Ecos de Entrega y Traición


    Fecha: 21/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos

    Claudia yacía desnuda sobre la cama, su cuerpo aún vibrando con los ecos de una noche tormentosa. Se había quedado dormida sin ropa, su mente atrapada en un torbellino de recuerdos que no podía controlar. Andrés, su primer amor, había sido un torpe y egoísta, vaciándose dentro de ella con una naturalidad que rompía algo dentro de Claudia, algo que no sabía cómo reparar algo que ella convertia en amor por no decepcionarse. Javier, por otro lado, la convertía en un objeto de deseo, obligándola a masturbarse para él, transformando el placer en una prisión de la que no podía escapar. Su cuerpo aún dolía, y la ropa interior que había usado antes yacía olvidada en el suelo, un recordatorio de una noche que preferiría borrar.
    
    Se quedó dormida así, solo piel, solo recuerdos, solo humedad. Nada más importaba en ese momento de oscuridad.
    
    Algo la despertó, pero no fue la luz ni un sonido. Fue una caricia. Fría, lenta, intrusa. Sus ojos se abrieron ligeramente, su cuerpo aún adormecido. Por un momento fuera de si entre la confusion del sueño y los recuerdos, creyó que era Andés de nuevo, regresando para tocarla como lo había hecho esa primera vez. Pero no, era algo más oscuro, más cercano, más enfermizo. Era su hermano.
    
    Estaba de pie junto a la cama, mirándola con una intensidad que la helaba hasta los huesos. Sus dedos rozaban la piel de su nalga, deslizándose suavemente, con una lentitud que no era casual, con una intención que no quería aceptar. Claudia no reaccionó al ...
    ... instante. Se quedó quieta, negándose a entender, a aceptar que eso estaba pasando de verdad. No podía creer que alguien de su propia sangre pudiera mirarla así, con deseo.
    
    Pero luego, como un trueno en medio de la calma, se incorporó de golpe, tirando la sábana sobre su cuerpo como si fuera una armadura. Sus ojos se llenaron de lágrimas, de furia, de asco.
    
    —¿Qué estás haciendo? —dijo, con voz temblorosa, como si no quisiera escuchar su propia pregunta.
    
    Él no contestó con palabras. Solo la miró, como si no hubiera hecho nada fuera de lo normal, como si tuviera derecho. Claudia le gritó que se fuera, que no la tocara nunca más, pero él ya se alejaba, con esa calma que la helaba más que un grito.
    
    —Tenemos que hablar —dijo antes de cerrar la puerta.
    
    Claudia no se movió. Se quedó allí, envuelta en la sábana, con el cuerpo aún sensible, con el corazón acelerado. No podía dejar de pensar en lo que había pasado, en cómo había estado allí, sin permiso, en cómo había entrado a su espacio, a su sueño, a su piel.
    
    Buscó el teléfono con manos temblorosas. No estaba donde lo había dejado. Estaba al otro lado de la cama, como si alguien lo hubiera revisado. Desbloqueó la pantalla y encontró tres llamadas perdidas, todas de Daniel. Sintió un escalofrío en el pecho. Podría haber sido su voz lo que la despertó, pero no. Había sido otra cosa. Alguien que no debería haber estado allí.
    
    Marcó su número una y otra vez, pero solo el buzón de voz respondía. Grabó un mensaje con la voz ...
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