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La agencia
Fecha: 22/08/2026, Categorías: Hetero Autor: Ewibell, Fuente: TodoRelatos
Buenas mis queridos lectores... Perdón por tenerlos abandonados. Esta noche de insomnio no pude evitar recordar algo que sucedió hace poco más de un año, cuando comencé a trabajar en una agencia automotriz. Yo era nueva, y según lo que contaban mis compañeras, los hombres siempre se emocionan cuando una mujer llega por primera vez a trabajar con ellos. Así que no les prestaba atención; no creía en sus frases de ligue ni en sus ojos hambrientos. Me gustaba vestirme con faldas entalladas, vestidos sugerentes y escotes discretos que sólo se notaban si alguien se acercaba demasiado… entonces, era inevitable que notaran mis pechos, más grandes de lo común. El comedor estaba en el área de los mecánicos, en la parte baja del edificio. Cada vez que pasaba, los silbidos y piropos eran el pan de cada día. Pero había uno... uno en particular al que llamaremos Aldo. Siempre encontraba una excusa para saludarme de cerca, con beso en la mejilla, y sus ojos se clavaban descaradamente en mi escote o en mis curvas. Me desnudaba con la mirada. Era evidente que deseaba hacerme suya ahí mismo. Sabía que él estaba recién separado así que siempre lo rechazaba, pero debo admitir que me entretenía coquetearle... encenderlo y luego ignorarlo. Y así pasaban los días, entre juegos de seducción y desprecio calculado. Una noche tuvimos un evento especial para presentar una nueva camioneta. Todos debíamos asistir. Me puse un vestido rojo que contrastaba con mi piel blanca. No tenía un ...
... escote exagerado —no quería verme demasiado provocativa ante los clientes—, pero dejaba mis hombros descubiertos, mostraba algo de piernas, mis glúteos se veían fenomenales y marcaba cada curva con ese fruncido que me abrazaba el cuerpo. La noche fue inolvidable: risas, música, copas, miradas. Aldo, que siempre vestía con su uniforme de mecánico, esa noche iba en traje... y se veía increíble. Quizá fue la emoción, el vino, o simplemente mis ganas, pero decidí jugar más intensamente: coqueteé sin filtro, aunque con mi ya conocido jueguito de "te provoco, pero no te dejo". Después de bailar y reír, y el cansancio de los tacones recordé que mis zapatos bajos estaban en la oficina de una amiga, cerca del taller. Bajé sola. El lugar estaba oscuro, sólo mi celular alumbraba el camino. Al llegar, los interruptores no funcionaban, así que me guié con la linterna. Me agaché a la cajonera... y de pronto sentí un cuerpo rozando el mío por detrás. Me enderecé rápido, asustada, y justo cuando iba a gritar, una mano cubrió mi boca. —"Calladita te ves más bonita" —susurró. Supe enseguida que era Aldo. Mi respiración estaba agitada... no sabía si era miedo, nervios o pura excitación. Su boca descendió a mi cuello. Me giró y me besó con una fuerza deliciosa. —"Ven conmigo... te va a gustar." No sé si fue el vino, el deseo o el momento, pero lo seguí. Sacó unas llaves y me llevó a la parte trasera del taller. Allí había una camioneta Van. Subimos por la puerta de carga, el ...