1. El faro


    Fecha: 01/09/2026, Categorías: Otros Textos, Autor: solitario, Fuente: TodoRelatos

    ... una lengua totalmente desconocida.
    
    Yo estaba agotado dije:
    
    ­- Dormir. ­- Y me tendí en mi cama esperando su reacción.
    
    Se miraron ´hablando entre ellas y la mujer asintió. Ella se acostó junto a mi y las mozas la imitaron. La cama era de matrimonio así que se colocaron de forma que todos estábamos acostados, apretados, pero…
    
    Apagué la luz... Y el griterío que se formó era espantoso. Saltaron de la cama como impulsadas por muelles así que encendí de nuevo las lamparas de la sala y las vi abrazadas presas del pánico. Las tranquilicé. Llame a Arai, le mostré el interruptor, las lámparas y la invité a que moviera la palanca, abajo, arriba... Una vez se tranquilizaron les indiqué que se acostaran las chicas en la cama y la mujer conmigo en otro catre que se utilizaba por si venían invitados. Arai les habló y pulsó el interruptor apagando la luz. Ya en silencio me quedé dormido sin tener muy claro que podrían hacerme, ¿me matarían y me comerían…?
    
    La luz del día entraba por la ventana iluminando la sala. Las chicas estaban dormidas y la mujer tendida a mi lado me miraba con curiosidad.
    
    Algo me impulsó a hacerlo, acerque mi boca a la suya y la besé. Se sorprendió pero no me rechazó. De algún modo me infundía tranquilidad, paz y la besé nuevamente acariciando suavemente sus pechos. Los pezones se le erizaron y le noté un escalofrió. Ella me imitó, besándome en la boca y acariciando mi pecho sobre la ropa. Intentó quitármela y ayude en la faena, me miraba con ...
    ... curiosidad, ella de piel suave si la acariciaba en el sentido de sus micro escamas pero áspera si lo hacia a contra escama. Yo con mi piel humana con vello en mi pecho. Lo acarició para a continuación palpar mi bragueta que abultaba con la presión.
    
    Mire hacia la otra cama donde dormían las tres chicas y me avergoncé. No podía hacer aquello con las jovencitas delante, así que me levanté, ante la sorpresa de la mujer, cogí su mano y tire de ella para subir una planta más y poder estar a solas.
    
    Ella lo entendió, o al menos eso creí. Llevé una manta que extendí en el suelo y me acosté ella lo captó sentándose a mi lado y centrándose en el botón y la cremallera del pantalón. Me lo quité y también el slip. Mi pene estaba duro como un palo. Los meses sin sexo me llevaron a esto.
    
    Arai lo asió y lo acariciaba con suavidad, mirándolo con dulzura. Lo movió arriba y abajo descubriendo el prepucio y advirtiendo una lagrima de presemen que asomaba.
    
    Hizo un gesto extraño, como de extrañeza. Yo acaricié y empuje suavemente su pecho para que se tendiera en el suelo. Pasé mi mano por su lampiño sexo insertando el dedo en la grieta que sentía húmeda y fría, no como el sexo femenino humano. No obstante se lo acaricié observando sus reacciones y, como en la vulva humana, aprecié un clítoris que me dedique a acariciar y besar, introduciendo mi lengua entre sus labios mayores. La diferencia que aprecié es que dichos labios, que ahora se abrían para mi, podían cerrarse como las conchas marinas. ...
«1...345...»