1. Inquilina prohibida #1


    Fecha: 16/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Blanca Steel, Fuente: TodoRelatos

    ... dejaba de divagar...
    
    Pensaba en Roberto.
    
    Pensaba en su cuerpo grande, fornido. En sus brazos marcados cuando levantaba cualquier cosa en casa con esa facilidad que parecía absurda. En su voz grave deseándome buenas noches. En sus ojos cuando me miraban con ese respeto tan sereno que ahora yo deseaba romper.
    
    Me sentí una guarra. Una desvergonzada. ¿Cómo podía estar pensando en él mientras Marco me follaba con tanta intensidad? ¿Cómo era posible que, con cada embestida, imaginara a Roberto, sujetándome por la cintura con esas manos grandes? ¿Qué demonios me pasaba?
    
    Intenté cerrar los ojos fuerte, concentrarme en el momento, en Marco. Pero cuanto más lo intentaba, más crecía en mí esa fantasía absurda y prohibida. Visualizaba a Roberto entrando y saliendo de dentro de mí, con lo que seguro debía ser un enorme miembro.
    
    Y además pensaba ¿Nos estaría oyendo? ¿Podría oír mis gemidos desde su habitación?
    
    Y peor aún... ¿me gustaría que lo hiciera? ¿O le estaba gustando a él lo que escuchaba?
    
    Sentí un escalofrío, pero no era de culpa. Era deseo. Era locura. Era ese placer intenso el que me hacía retorcerme bajo Marco, mientras mi cabeza se llenaba de imágenes de otro hombre. De uno con quien jamás debería soñar.
    
    Me odié por ello. Pero no dejé de imaginarlo.
    
    ¿En qué momento se me había ido la cabeza tanto para llegar a esa situación? Para estar haciendo el amor con mi pareja, mientras pensaba en mi casero, el cual tenía una edad y una forma de ser tan ...
    ... prohibitiva.
    
    Agarré la cintura de Marco para animarle a empujar con más fuerza, mientras pasaba mi mano por mis pechos, los cuales ahora se coronaban con dos pezones duros como piedras, tan sensibles por el placer que estaba sintiendo en ese instante que acariciarlos resultaba casi doloroso.
    
    Mientras, intentaba no gemir muy fuerte, para al menos guardar un poco las apariencias.
    
    —Tápame la boca —le dije a Marco. A lo que él me miró con ciertas dudas. Pero le cogí la mano y la puse encima de mi boca, para probar a ver si así los gemidos salían de una forma más sutil.
    
    Fingiendo que no quería que Roberto nos escuchara, como si no hiciera un instante que me estaba preguntando, con cierto morbo y deseo, si le estaría gustando lo que escuchaba.
    
    Marco me tapó la boca y pude ver placer en su mirada. En medio de la oscuridad, entendí que el morbo era compartido, y la idea de taparme la boca ejerciendo un poco de presión le parecía agradable.
    
    Así que con una mano sujetándome con fuerza por la cintura y otra cubriéndome con aún más firmeza la boca, Marco intensificó el ritmo y el anhelo.
    
    El placer físico crecía, latente y punzante en mi interior, con cada embestida suya. Sentía el sudor de nuestros cuerpos fundirse, el olor de su piel, el roce áspero de su barba rozándome el cuello. Mi cuerpo vibraba, mis pechos se estremecían con cada golpe de sus caderas, mis piernas se tensaban, abiertas, entregadas, rendidas. Me dejaba llevar, y, sin embargo, lo que más me encendía no ...