-
Brillando en Tacones II: La Bimbo que Soy
Fecha: 17/09/2026, Categorías: Transexuales Autor: AnaisBelland, Fuente: TodoRelatos
... terminar rogando por una mano que te acaricie toda, toda, toda..." Se vio al espejo. Sus labios estaban entreabiertos. La respiración, más corta. Se giró un poco, con una risa suave que se escapó sin permiso, como si otra la hubiera soltado. "Ayyy Esteby, ¿ves cómo te miran? Todos esos hombres deseando tenerte sentada en sus piernas, tocando tus piernitas suaves y tu tanguita apretada, preguntándose si debajo tienes esa conejita húmeda y lista para que te usen ahí mismo. ¿Te imaginas a Rodri ordenándote que te pongas de rodillas, nena, en medio de todos, y te abra las piernas bien obediente? Así, toda boba y mojada, solo para complacerlos." Se estremeció, no de frío, sino de una oleada cálida que le subió desde el vientre. El espejo le devolvía una imagen ambigua, sensual, atrapada entre el miedo y el vértigo del deseo. La voz Bimbo murmuraba con dulzura adictiva, y cada palabra era como una laca invisible que fijaba más y más ese nuevo reflejo. Se puso la ropa masculina encima. Ahora todo le quedaba más justo. Se sentía más... real. Y justo en ese momento,Rodrigo lo llamó a su oficina. —Esteban, ¡gran trabajo ayer! Tu presentación fue impecable. Esteban sonrió, se sentó. Las piernas cruzadas. La voz lo empujó: "Baja esa piernita, Esteby, deja que el pantalón se abra y se asome tu tanguita... Dale lo que quiere, haz que se pregunte si ya tienes conejita. Imagínate que te pide verlo, que te mete la mano y te acaricia bien sucio ahí abajo, mientras ...
... sonríes como buena putita sumisa." Esteban lo hizo. Un movimiento casual. El pantalón se abrió apenas. Un destello rosa, apenas visible. Rodrigo se quedó en silencio un segundo. Luego sonrió, levemente. —Esteban... te ves distinto. ¿Nuevo estilo? Esteban no supo responder. —Te sienta bien. Hay algo... más relajado en ti. "Mmm papi lo notó... Ay Esteby, imagina que te hace ir a su oficina solo para verte de rodillas bajo su escritorio, con las uñitas largas jugando con su cinturón, sus manos en tu cabeza y tú suplicando que te deje ser su putita secre, la que se porta bien y lo complace cuando y donde él quiera." La fantasía fue tan intensa que Esteban se estremeció. Se imaginó de rodillas bajo el escritorio de Rodrigo, con los tacones puestos y la falda rosa recogida en la cintura, su tanga corrida a un lado. El encaje de los sostenes rozaba sus pechos duros y necesitados mientras la boca de Rodrigo bajaba y mordía suavemente cada pezón. Las manos grandes la sostenían, una en la nuca guiándola hacia su entrepierna, la otra apretando sus caderas para marcar el ritmo. Rodrigo la hacía abrir bien las piernas, exponiendo su tanguita mojada, obligándola a mostrar todo lo que tenía para él y sus amigos de la oficina. Cada empuje, cada caricia, era una orden a la que obedecía feliz, tragando gemidos y palabras sucias mientras se sentía una verdadera putita sumisa, lista para todo. Y ese susurro —profundo, posesivo, delicioso— le retumbaba en el oído: —Te ves... ...