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Brillando en Tacones II: La Bimbo que Soy
Fecha: 17/09/2026, Categorías: Transexuales Autor: AnaisBelland, Fuente: TodoRelatos
... entre los dedos, Esteban sintió una descarga eléctrica recorrerle la piel. El encaje negro contrastaba con su tono claro, resaltando la suavidad nueva de su cuerpo. Se estremeció al imaginarlo deslizándose por sus muslos, delineando su nueva silueta. Los sostenes, sensuales pero firmes, tipo push-up, parecían hechos para levantar, no solo sus pequeños pechos, sino también su ánimo. Al rozar la copa interior con las yemas de los dedos, un calor inconfundible le subió por la garganta: era deseo. Era aceptación. Era rendición. Una parte de él, una que ya no tenía nombre masculino, se rindió en silencio y con deleite a ese gesto íntimo. Imaginó el elástico suave de la tanga, la presión leve pero constante de la tela al acariciar su entrepierna... Todo parecía diseñado para tentarla, no con fuerza, sino con dulzura y placer. Se permitió cerrar los ojos un instante y fantasear con la lencería deslizándose sobre su piel, aún sin atreverse a usarla. No era aún un busto, pero ya insinuaba una promesa. Subió a la oficina como si caminara sobre fuego. Escondió la bolsa en su mochila. La voz no se detenía. "Ponértela ya. Vamos, Esteby, siente el encaje. Te va a cambiar TODO." Entró al baño. Abrió la bolsa. Se desvistió. La tela era suave, fresca, como un susurro de encaje. Subió lentamente por sus muslos que parecían aún más lisos bajo la luz artificial. Cuando la tanga rozó su entrepierna, notó que su miembro estaba sorprendentemente pequeño, casi retraído, como si deseara ...
... desaparecer. Al ajustar el elástico, la tela se adaptó perfectamente, borrando cualquier relieve masculino, devolviéndole en el espejo la imagen suave, lisa y convexa de una feminidad recién nacida. El elástico se aferró a su cintura con una caricia firme, delimitando una silueta que ya no sentía ajena. Al ponerse los sostenes, sintió cómo sus manos temblaban apenas: el encaje rozó la piel, envolviendo su pecho en una envoltura delicada y exquisitamente femenina. Pero lo que realmente la desarmó fue esa sensación repentina de peso, de redondez, de algo lleno y real que los aros y el push-up sostenían sin esfuerzo: ya no era solo tela, era un busto, pequeño pero indudablemente femenino, que reclamaba su propio espacio bajo la ropa. Sus pezones, sensibles, se marcaron bajo el encaje, y al apretar suavemente los sostenes sintió cómo la carne cedía a una forma nueva, dulce, erótica, perfecta. Por un instante, su respiración se cortó de puro asombro y placer. Se vio reflejada con el pecho suavemente redondeado, y la emoción la hizo sonreír como nunca antes: era ella, con pechos, hermosa, indiscutible. "Ayyy Esteby, mírate... esos pechitos piden que los chupen, ¿no sientes cómo se te paran los pezoncitos con solo pensar en unos dedos jugando ahí? Y abajo... ufff, esa tanguita lo esconde todo tan bien que ya casi ni se nota. ¿Te imaginas que te bajen la tanga y encuentren solo una conejita mojada esperando ser llenada? Así, bien boba, bien puesta para que te usen, nena. Vas a ...