1. Mí primera vez con el albañil 1/3


    Fecha: 17/09/2026, Categorías: Gays Infidelidad Masturbación Autor: papafamilia1, Fuente: SexoSinTabues30

    En ese momento tenía 13 años, había comenzado mis vacaciones de verano y mi madre insistía en que consiguiera un trabajo por las tardes para no estar en casa todo el tiempo. Esa búsqueda me llevó a conocer al gran amor de mi vida, un albañil de 43 años que jamás volvería a ver.
    
    A esa edad había comenzado a ver porno con frecuencia y me pasaba el tiempo haciendome la paja y explorando mis fantasías. Sabía que me gustaban los hombres, pero nunca lo había probado, y pensaba que nunca lo haría. Criado por una madre soltera, confesarle mi orientación no era una opción.
    
    Un día llegó a casa con un trabajo para mí: ayudar en una construcción, removiendo el pasto y sacando unos árboles cortados que llevaban años en ese terreno. Claramente fui de mala gana; no quería trabajar, y menos bajo el sol.
    
    Al llegar a la obra, encontré a tres albañiles trabajando. Los saludé tímido. Eran atractivos a su manera, o quizá era mi libido descontrolada, pero de inmediato me fijé en uno de unos 20 años, delgado, con tatuajes en los brazos. También estaba un hombre mayor y, finalmente, uno de unos 43, de brazos anchos, pecho grande y algo de panza. Su rostro era duro pero agradable, con unos ojos profundos y oscuros.
    
    El trabajo resultó ser agotador. Especialmente bajo el sol. Pero esa exigencia física me hizo conectar con los albañiles, en especial con Renzo, el de 43, que solía quedarse hasta el cierre de la jornada. Al poco tiempo, el chico de 20 dejó de interesarme. Su personalidad me ...
    ... desagradaba y se burlaba abiertamente de mí.
    
    Todo cambió en una tarde de calor insoportable. A eso de las 15:00, los otros dos se habían ido y yo me esforzaba en arrancar un tronco del suelo cuando la vista se me oscureció y me sujeté de lo que pude para no caer. Sentí que Renzo se acercó por detrás y me sostuvo por la espalda.
    
    —Mucho calor, pibe —dijo.
    
    No respondí para no parecer débil, pero me dejé guiar hasta la construcción, donde me senté en un balde. Me dio un vaso de Coca-Cola, y en ese momento una sensación de seguridad me envolvió. No tenía cómo agradecerle. Ese gesto despertó algo en mí.
    
    Renzo se quitó la remera. Su piel morena brillaba de sudor. Tenía algo de vello en el pecho. Nunca había mirado porno de maduros, pero aquel hombre despertó un deseo inesperado.
    
    —Pegate una ducha —me sugirió.
    
    —Cuando llegue a casa —respondí, avergonzado.
    
    —No seas boludo, pendejo —y, sin previo aviso, me roció con agua de una botella.
    
    Se rió y, con la misma naturalidad, se bajó los pantalones sucios, quedando en ropa interior. Sus piernas eran gruesas, velludas. Su bóxer estaba algo gastado y se le marcaba el bulto, que me pareció enorme. Volcó más agua sobre su cuerpo.
    
    —Mirá, pibe —dijo mientras se mojaba—, no nos pagan lo suficiente para cagarnos de calor. Y a vos menos. No vaya a ser que te dé un bobazo bajo el sol.
    
    Esa noche, al llegar a casa, me metí a la ducha y me masturbé como nunca. El simple recuerdo de Renzo, su actitud, su cuerpo, me volvía ...
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