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Mí primera vez con el albañil 1/3
Fecha: 17/09/2026, Categorías: Gays Infidelidad Masturbación Autor: papafamilia1, Fuente: SexoSinTabues30
... loco. Desde entonces, cada mañana iba a la obra con entusiasmo, solo para pasar tiempo con él. El viernes, al final del trabajo, nos quedamos solos como siempre, pero esta vez él no se fue a su hora habitual. —¿Qué hacés acá todavía? —le pregunté. —Espero hasta las ocho para irme. Hoy voy a buscar a una mina que trabaja cerca. ¿Viste qué culo tiene la hija de puta? —Sí, la vi un par de veces. Es una mujer trans. —Nene, es una mujer. Cuando crezcas, vas a darte cuenta de que todas las manzanas son iguales si se pueden comer —dijo, guiñándome el ojo. —Pero vos tenés familia —solté, sabiendo que tenía esposa e hijos. —Es un gusto, pibe. No voy a dejar a mi mujer por una puta. Es como hacerse una paja, pero con alguien más. Además, no la estoy cagando con otra. Se empezó a desvestir como si nada. —Che, si no te jode, haceme un favor —me dijo—. Subite a esa silla y tirame agua con esta botella. No quiero irme chivado. Obedecí, pero inesperadamente se bajó los bóxers y empezó a lavarse. Su verga era gruesa, grande, con piel gruesa y venas marcadas. Me calenté tanto que tuve que excusarme para buscar más agua y acomodarme la erección. Esa noche, me masturbé hasta que me doliera la pija. No podía sacarme a Renzo de la cabeza. Tuve que esperar al lunes para volver a verlo, pero el trabajo estaba por terminar y solo me quedaban dos días más. Debía aprovecharlos. El lunes, cuando quedamos solos, me preguntó: —¿Nunca fuiste de putas vos? ...
... ¿Tu viejo no te llevó? —No tengo viejo. Y no, nunca me llevaron. —Ah, garrón —respondió. Mientras me subía a la silla para tirarle agua, se volvió a desnudar. Esta vez, su verga no estaba dormida. Era gruesa, gomosa, con venas marcadas. Lo miré más de la cuenta. Entonces, inesperadamente, puso su mano sobre mi entrepierna. —¿Y esto, pibe? —preguntó. —No es nada —respondí nervioso, bajando de la silla de inmediato. —No pasa nada, pibe —dijo, secándose. Se acercó por detrás y me tomó de los hombros. —¿Pensás que el viernes no me di cuenta? Ya pasé por eso, pendejo. Se acercó más, pecho contra pecho. —¿Querés tocar algo? —susurró. Puse la mano en su pecho. Estaba frío por el agua. Entonces me tomó del cuello y me besó. Nunca había besado a nadie. Sus labios gruesos guiaron todo. Me atreví a tocar su verga, que se endureció de inmediato. Se sentó en un balde y me hizo una seña. Me arrodillé. Nunca lo había hecho y estaba lleno de nervios. Al principio me costó, pero me esforcé. Ver su expresión de placer me animó a seguir. Su panza sobre mi cara, su pecho subiendo y bajando. Sin previo aviso, contrajo las piernas y acabó en mi boca. Sentí su semen espeso llenándome la boca. Lo tragué con esfuerzo. Se levantó, usó lo que quedaba del agua para lavarse y se cambió. —Dale, pibe, que me esperan con la comida en casa —dijo, con una sonrisa. —¿Estuvo bueno? —pregunté. —Para tu primera vez, sí —respondió—. Pero mañana hay que volver a ...