1. Estrella tiene dos grandes soles


    Fecha: 20/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Randy, Fuente: TodoRelatos

    Durante dos años, Estrella y yo fuimos como dos imanes jugando a no tocarse. Su forma de coquetear no era inocente; era una experta en el arte de provocar sin comprometerse. Me buscaba, me llamaba, me hablaba de madrugada. Si le respondía con deseo, me esquivaba con una risa. Si me alejaba, me mandaba una foto donde el escote parecía gritar mi nombre.
    
    Era mayor que yo un par de años, con una actitud desafiante que escondía algo más complejo. Cuando hablábamos, parecía disfrutar del poder que ejercía sobre mí: su voz cálida, sus labios húmedos de café, y sobre todo, esa manera tan suya de apoyarme el pecho sin “darse cuenta” cuando me hablaba al oído por el volumen de la música. Yo sabía que no era casual. Y ella sabía que yo lo sabía. Ya desde la noche que nos presentó un amigo en una discoteca, se acostumbró a posar una teta en mi hombro. ¿Tú qué crees? Está claro que era consciente.
    
    Teníamos una extraña relación: amigos por fuera, deseo soterrado por dentro. Tonteábamos mucho, pero en broma. Me contaba sus encuentros con otros tíos con una naturalidad casi ofensiva, como si no supiera que cada detalle era una espina que me clavaba. Una vez se lo dije: “Tú misma estás saboteando cualquier posibilidad entre nosotros. Me cuentas demasiado. Si pasase algo entre nosotros sabría si estás implicada o si estás fría conmigo. Lo notaría enseguida.” Ella se rio, con ese tono altivo tan suyo:
    
    —No voy a tener que esforzarme mucho contigo… Creo que si me tuvieras a tiro te ...
    ... acojonarías.
    
    Yo no respondí. Me dolió un poco en el orgullo. Si lo decía en serio, no podía estar más equivocada. Me limité a mirar sus labios mientras imaginaba la forma perfecta para silenciar una boca tan grande. Eso era lo que no me gustaba de ella, que era una flipada. No sé si era un mecanismo de defensa por falta de seguridad o si realmente era tan creída, pero me cortaba el rollo cada vez que soltaba una de esas tonterías.
    
    El tiempo pasó y seguimos jugando ese juego enfermizo de tensión no resuelta. Siempre a punto. Siempre con una excusa para no cruzar la línea. Me empezaba a cansar. Estaba claro que lo que mas le gustaba era tenerme bailándole el agua. Le interesaba más tenerme detrás que tenerme dentro. Yo tampoco me arrastraba. Si algo mantenía vivo mi interés era la normalidad con la que hablábamos de sexo o de temas personales. Sobre todo, de sus tetas. Estaba orgullosísima de ellas y a mí me excitaba bastante incluirlas en nuestras conversaciones. Cuando soltaba alguna de sus sobradas, mis ganas de meter ahí mi miembro se multiplicaban. Con todo lo que me había contado, sabía que las tenía muy sensibles, que eran una talla 90E y que a algún afortunado le había dejado terminar ahí. Yo no quería menos. Pero no sentía nada. Así que tampoco di nunca realmente el primer paso.
    
    Hasta esa noche en la que por fin nos quitamos el gusanillo.
    
    Yo había quedado con un amigo que vivía a escasos metros de su casa. Era su cumpleaños y bebimos más de la cuenta, y en ese ...
«123»