1. Estrella tiene dos grandes soles


    Fecha: 20/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Randy, Fuente: TodoRelatos

    ... calor alcohólico me atreví a escribirle. Me contestó cuando volvió a casa de fiesta. No era muy tarde. En su tono habitual, me respondió con una invitación ambigua:
    
    —Pasa si quieres... estoy en pijama.
    
    Normalmente habría leído entre líneas, pero esa vez no dudé. Crucé la calle como quien cruza un umbral.
    
    Cuando abrió la puerta, me sorprendió: parecía nerviosa. Llevaba un pijama flojo, de tela fina, sin sujetador. Llevaba una camiseta grande y aun así el pecho se le marcaba, como una provocación involuntaria... o no tanto.
    
    Me ofreció algo de beber, me enseñó la casa, habló de forma liviana, como si nada. Cada poco, incluía la palabra “amigo” al terminar de hablar. Como si quisiera dejar claro que no iba a pasar nada más y me pareció hasta ofensivo. Estaba harto de ese papel. La miré serio.
    
    —Estoy cansado, Estrella. Esto no tiene sentido. Si sólo quieres jugar, mejor me marcho.
    
    Su rostro cambió. De la risa fácil pasó a la incomodidad. Sabía que iba en serio.
    
    —Espera… —dijo, acercándose—. No te vayas así.
    
    —Estoy harto de este tira y afloja. Si quieres algo, dímelo. Si no, me largo. Ya no estoy para perder el tiempo.
    
    Guardó silencio unos segundos. Bajó la mirada. Luego suspiró.
    
    —Sí… quiero. Pero… algunas cosas. Tú me atraes, pero… no estoy segura.
    
    —No se puede jugar a medias. Si no lo tienes claro, lo mejor es cortar para evitar malentendidos.
    
    Se me quedó mirando. Entonces, en un gesto inesperado, se acercó y me abrazó. Su cuerpo era pequeño ...
    ... pero cálido, y al tenerla tan cerca noté cómo sus pechos se aplastaban contra mi torso. No llevaba nada debajo, y el contacto era tan directo que me estremeció.
    
    —Es que… hoy no es buen día… —susurró— Tengo la regla. Pero… no quiero que te vayas. No ahora.
    
    Le tomé la cara con ambas manos y la besé. Esta vez no se apartó. Respondió con hambre. Sus labios se abrieron, y nuestras lenguas se buscaron después de años contenidas.
    
    —No te creo —le dije entre beso y beso—. Será una de tus excusas. ¿No será que me tienes miedo?
    
    Ella se separó apenas unos centímetros. Sus ojos, oscuros, me estudiaban.
    
    —No te acostumbres, ¿vale? —susurró.
    
    Y me empujó hacia un butacón. Caí sentado. En un segundo, se montó sobre mí, con las piernas a ambos lados de mis caderas. Sentí su cuerpo encajando contra el mío. El calor de su entrepierna, aun con la regla, se notaba vivo, palpitante.
    
    Tomó mis manos y las llevó debajo de su camiseta. Su piel era suave, tibia. Sus pechos eran más grandes de lo que imaginaba. Así que eso era una talla 90E. Se movía lento, dejándome explorarla como si hasta ese momento hubiera sido un premio reservado.
    
    Sin quitarse la camiseta, comenzó a deslizarse hacia abajo, hasta quedar de rodillas frente a mí. Abrió mi pantalón, sacó mi erección, y sin dudar, la atrapó entre sus senos. El contraste entre su piel y mi miembro era brutal: la suavidad, el calor, la presión controlada.
    
    —No te creas que esto lo hago con todos… —dijo con media sonrisa.
    
    —No ...