1. Dos mujeres follando en unas regaderas


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Sarah Dafne, Fuente: CuentoRelatos

    ... a ella para tratar de coquetear y sus manos se deslizaron directamente a mi cintura. A esas alturas, era evidente que ambas nos estábamos coqueteando.
    
    —Estás muy guapa —me dijo.
    
    —Pero si hola, tía, que tú no te quedas atrás.
    
    Su dedo contorneó la parte alta de uno de mis senos y después dudó si arrastrarlo hacia abajo, sobre mi pezón que ya estaba durito. Ahora imagínense mi coñito todo rico mojándose. Decidí animarla y la atraje hacia mí, tomé su mano y la coloqué firmemente sobre mi seno.
    
    —Qué tetas tan grandes y bonitas tienes.
    
    —¿Te gustan?
    
    —Mucho.
    
    —¿Quieres darles un beso?
    
    —Podrían vernos.
    
    —No tengas miedo, preciosa —le atoré el cabello mojado detrás de las orejas y la invité a probarme.
    
    Ella se agachó un poquito, me retiró el triángulo del sostén y entonces contorneó mi pezón con la punta de su lengüita. Después comenzó a chuparlo y finalmente gimió sobre mi aureola.
    
    —Ay, qué delicia… sigue así…
    
    Sus manos bajaron de mi cintura y acariciaron entre mis piernas para después rozarme con un dedo la tela por encima de mi conchita.
    
    —No me lo tomes a mal —me dijo—, pero tengo miedo de que nos vean.
    
    —¿Quieres que vayamos a un lugar más privado?
    
    —¿Te parecen las regaderas?
    
    Asentí y ambas salimos de la piscina a por nuestras cosas. Luego nos dirigimos a las duchas, y al ver que todo estaba totalmente vacío, se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme. Me sobó el culo y la cintura. Después sus besos salieron de mi boca y se concentraron ...
    ... en mi cuello y en mis senos. Me quitó el sostén y yo le quité el de ella. Mi conchita estaba palpitando.
    
    Finalmente ambas quedamos totalmente desnudas y yo la empujé hasta una de las bancas largas, la senté y me agarré de sus caderas para acostarla y poder llegar hasta su coñito.
    
    Cuando sus piernas se abrieron y su conchita quedó ante mí, pude ver lo mojada que estaba, muy a pesar del chapuzón tan rico que nos habíamos dado.
    
    Me recogí el cabello y entonces hundí mi rostro entre sus piernas para comenzar mi trabajo. Le metí la lengua en su hoyito que temblaba y la pasé sobre su clítoris. No tenía ni un solo vello, y estaba tan suave que me hizo pensar que se había depilado justo este día. La seguí chupando mientras ella gemía y trataba de aferrarse a la banca.
    
    Mi lengua pasó sobre sus labios, chupé y me bebí su juguito que estaba escurriendo mientras le dedicaba cumplidos de tipo: «tienes tu caramelito muy rico». «Qué delicioso sabes, nena».
    
    La excitación la llevó a moverse contra mi lengua, una y otra vez mientras intercalaba lengüetazos y el uso de mis dedos. Finalmente decidí ponerme de pie y me monté sobre ella, procurando que nuestras vulvas se encontraran y poder frotarnos. Ella estiró una de sus manos y me agarró de una nalga para apoyarse.
    
    —Aaaah… sigue moviéndote así… Dale nena, dale…
    
    Su otra mano se enredó en mi cintura y su boca se pegó a mi cuello.
    
    Sentí que el orgasmo estaba cerca, pero antes de que pudiera alcanzarlo, ella se detuvo y trató ...