-
Un día intenso para Mi sumisa (3)
Fecha: 09/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: DominanteMadriZ, Fuente: TodoRelatos
... Sergio. —Insulta a esta zorra, no te cortes; le encanta —le incité. —¡Zorra! Cómeme la polla, cómeme la polla, puta sumisa —obedeció él sin contenerse. Rosa, que ya se había recuperado, empezó a manosear con descaro las tetazas de Sandra. —Joder, qué tetas tienes… Me encantan —susurró, excitada. —Retuércele los pezones a esta perra, que es lo que más le gusta —ordené tajante. Al principio Rosa dudó, retorciendo suavemente. Me impacienté. —¡Retuérceselos fuerte, que lo está deseando! Aparté momentáneamente la mano de Sergio del pelo de Sandra, tirando con fuerza hacia atrás para sacar la polla de su boca, y grité: —DISELO, PUTA, DILES COMO TE GUSTA. —¡SÍ, ME GUSTA QUE ME RETUERZAN LOS PEZONES, ME GUSTA QUE ME LOS MUERDAN, ME GUSTA QUE ME METAN EL PUÑO POR EL CULO, SOY UNA ZORRA Y ME ENCANTA! —confesó Sandra con desesperación. Inmediatamente volví a empujar su cabeza contra la polla. —Chúpala, hija de puta. Solté su pelo y permití que Sergio siguiera marcándole el ritmo, follándole la boca aún más brutalmente. Rosa, excitada por sus palabras, empezó a retorcer con crueldad los pezones de Sandra. —¡Joder, cómo eres tan puta! ¡Eres una cerda, la más zorra, y te los voy a destrozar para que te jodas, puta! —le gritó Rosa. La mezcla de dolor y humillación la hizo enloquecer. Chupaba ahora con auténtica desesperación mientras Sergio apretaba más fuerte su cabeza. —Cómo chupa, cómo absorbe la polla... Traga, puta, traga bien ...
... que me corro ya —gruñó Sergio. Le solté una hostia seca en el culo, haciendo que Sandra soltase un aullido ahogado por la polla en su garganta. —Quieres terminar rápido, ¿verdad, perra? —le reproché, soltándole otra bofetada aún más fuerte. Lejos de detenerse, la muy cabrona aceleró la mamada, desesperada por sacarle la lefa. —¡Joder, me corro, puta, me corro! —rugió Sergio mientras eyaculaba brutalmente, tirando del pelo de Sandra con tal violencia que, al liberar finalmente su boca, el alarido de dolor resonó claramente por todo el local. —¡Ahhh! ¡CABRÓN, todos los cerdos me tirais del pelo, cabrón! —soltó ella con rabia. Rosa, ofendida por los insultos hacia su marido, le retorció aún más violentamente los pezones. —¿No eres una sumisa? Pues te jodes, puta, te jodes. Sandra cayó al suelo completamente derrotada, abriéndose de piernas y empezando a masturbarse como una posesa, mirando directamente a los tíos que observaban atónitos. —¡Sí, me gusta ser una perra sumisa, me gusta que me humillen, cuanto más mejor! —la grito fuera de control. Rosa se inclinó y la escupió en la cara; Sandra, lejos de humillarse, abrió la boca para atrapar la saliva y lamerla obscenamente. Me acerqué rápidamente y le crucé la cara de una bofetada. —¿Quién te ha dado permiso, puta? —Nadie, Amo… Déjame correrme, Amo; déjame follar y sacarles toda la lefa… Un tío se acercó preguntando descaradamente: —¿Me la puedo follar? Sandra me suplicó aún más ...