1. Viaje con mis cuñadas (I)


    Fecha: 09/10/2026, Categorías: Incesto Autor: VickySG, Fuente: TodoRelatos

    Cuando era niño, me encantaba presumir de que mi padre era militar. No sabía exactamente en qué consistía su trabajo, pero yo me lo imaginaba como un héroe. Para mí, probablemente esa era la única parte positiva de su oficio, porque todo lo demás me perjudicaba. Especialmente, el tener que mudarnos a menudo de un lado a otro.
    
    Cada vez que llegaba a un barrio o colegio que me gustaba, no me atrevía a hacer amigos porque sabía que al poco tiempo a mi padre los destinarían a otro lugar. Aun así, siempre acababa haciendo amistades que prometía mantener, pero tras unas cuantas cartas o llamadas, el contacto se iba perdiendo. Y así una y otra vez.
    
    Pero ninguna despedida fue tan triste como la que tuve que vivir a los doce años. A mi padre lo habían destinado al norte del país, noticia que mi madre y yo recibimos con mucha alegría, ya que estábamos hartos de pasar calor en el sur. Alquilamos la mejor casa que habíamos tenido hasta el momento y me matricularon en un buen colegio. Era la primera vez que podía empezar un curso a la par que el resto de mis compañeros.
    
    Como siempre, traté de no acercarme demasiado a nadie, convirtiéndome así en el marginado de la clase. Era un muchacho muy sociable, pero las circunstancias me llevaron a aislarme para sufrir menos cuando tuviera que irme. Pasaba las tardes asomado a la ventana, viendo como los niños jugaban en la calle mientras yo me moría del aburrimiento.
    
    A pesar de mi soledad autoimpuesta, en el fondo deseaba que algún ...
    ... niño se fijara en mí y me invitara a jugar. Pero no fue uno, sino cuatro, las niñas que llamaron a mi puerta. Aunque hasta ese momento no me había dado cuenta, resultó que en el piso de arriba vivía un matrimonio con un montón de hijas a cada cual más guapa.
    
    Camelia, Catrina, Celina y Cintia tenían catorce, doce, diez y ocho años. Desde el momento en que las conocí, me convertí en un juguete en sus manos, aunque en el buen sentido. Me querían y me cuidaban como al hermano que siempre quisieron tener. Pasaba horas en la casa de las chicas jugando, enamorándome de ellas.
    
    Me gustaban las cuatro, cada una por una cosa. Pero si una de ellas conseguía despertar al preadolescente que había en mí, esa era Camelia, la mayor de las cuatro hermanas. Por nada en el mundo quería estropear eso tan bonito que tenía con ellas, pero esa chica me volvía cada vez más loco. Solo era dos años mayor que yo, pero, a esa edad, era una distancia demasiado grande.
    
    Durante meses, viví con la esperanza de que aquel fuera mi hogar definitivo, principalmente por ellas, pero la historia volvió a repetirse. En mitad del curso, mi padre recibió un ascenso y teníamos que mudarnos a la capital. Rogué y supliqué que me permitieran quedarme, al menos hasta que llegara el verano, pero no me hicieron caso.
    
    Fue la despedida más triste de mi vida, pero también la más bonita. Las chicas me hicieron dibujos, me escribieron cartas y se abrazaron a mí hasta que sus padres las tuvieron que separar. La única que ...
«1234...»