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Capítulo 11: el dolor de la libertad
Fecha: 09/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos
... para ella, como si pudiera devolverle a Claudia algo que ya no creía recuperable. —Ya falta poco —le dijo, con voz baja pero segura—. Poco más y todo esto será solo un mal recuerdo. Te lo prometo. Claudia asintió, con los ojos cerrados, las lágrimas intentando escapar sin hacer ruido. Pero no podía evitarlo. Las emociones la desbordaban, la superaban. Era como si su cuerpo hubiera sido marcado de tantas formas que no sabía si alguna vez podría borrar todas las huellas. Entonces, su teléfono vibró. El sonido fue como una bofetada. Un corte en la calma que habían construido entre las sábanas y las caricias. Mariana se tensó. Claudia se quedó inmóvil. Ambas sabían quién era. No hacía falta ver la pantalla para saber que Javier no iba a dejarlas en paz. Claudia se movió con lentitud, alcanzando el teléfono como si fuera una bomba a punto de explotar. Desbloqueó la pantalla. Un mensaje. Solo uno. Javier: “Felicidades a mi puta por el gran trabajo de ayer. No sabes cuánto me costó no cogerte con mis manos. Pero tranquila, putita, hoy tendrás un día libre. Descansa. Recupérate. Pero no te olvides del plug, lo llevas hasta mañana. Lo quiero mojado y usado . Te aguantas y me lo entregas en el instituto como recuerdo de tu nueva vida, frente a mi. Llamare en cualquiero momento por evidencia de que lo llevas ” Claudia soltó el teléfono como si quemara. El aire se escapó de sus pulmones. El miedo volvió. Más fuerte. Más oscuro. Más claro. Mariana se inclinó ...
... sobre ella, le acarició el pelo con una mano temblorosa, aunque trató de disimularlo. —Tranquila —le susurró—. Ya falta poco. Pero por dentro, Mariana también temblaba. Porque Javier no iba a detenerse. Y porque ahora, mientras acariciaba la espalda desnuda de Claudia, mientras trataba limpiar las heridas del alma que él había dejado, no podía evitar preguntarse cuánto tiempo más podría fingir que todo iba a mejorar. El ambiente en la habitación cambió apenas el mensaje de Javier se apagó en la pantalla. Quedó un silencio espeso, denso, como si el aire se hubiera vuelto más pesado. Pero después de unos minutos, como si hubieran acordado sin hablar, las dos decidieron respirar de nuevo. Por hoy, al menos, era un respiro. Aunque fuera falso, aunque fuera breve. Mariana se inclinó hacia Claudia, aún boca abajo, la piel aún húmeda de la limpieza recién terminada. Su cuerpo seguía tibio, con esa sensación de limpieza que solo duraba mientras nadie lo volviera a tocar. —¿Te lo saco? —le preguntó Mariana, rozando con la punta de los dedos la base del plug—. Podría quitártelo. Limpiarte bien. Y ponértelo de nuevo mañana, antes de dárselo a ese maldito. Así hoy no tendrías que cargar con él. Claudia no respondió de inmediato. Su respiración era lenta, rítmica, como si estuviera sopesando cada palabra antes de decirla. —No —dijo al fin, con voz apenas audible—. No quiero sacarlo. Mariana arqueó una ceja, curiosa, pero no sorprendida. —¿Por qué? —preguntó con ...