-
Los tentáculos del pulpo
Fecha: 10/10/2026, Categorías: Zoofilia Autor: shadoangel, Fuente: TodoRelatos
Cefalonia, Grecia. Verano de 2025. Era una hermosa e idílica cala entre dos acantilados, unos cincuenta metros de playa de arena blanca rodeada de formaciones rocosas entre las cuales crecían pinos en cuyas ramas se escuchaba el molesto canto de las cigarras. Un rincón paradisíaco al que sólo se podía acceder a través de un estrecho y tortuoso sendero que descendía del acantilado y, por supuesto en barco. El único motivo por el cual esa cala no se encontraba masificada y plagada de turistas era porque bajo sus aguas se conservaban los restos de un antiguo templo dedicado a Poseidón, dios del mar. Hundido en las aguas siglos atrás por un terremoto. Un valioso patrimonio arqueológico que el gobierno griego protegía celosamente restringiendo el acceso a embarcaciones y turistas para preservar las antiguas ruinas. Los permisos para acceder a la zona se expedían a cuentagotas y únicamente para fines de investigación científica y arqueológica. Así que Marta García, a sus 31 años se podía considerar muy afortunada de poder bucear entre esas aguas, contemplando el hermoso espectáculo de los peces nadando entre las hundidas columnas del templo. La regia estatua de Poseidón forjada en bronce y enverdecida por el paso del tiempo, aún majestuosa, con su tridente, como si protegiera esas aguas de intrusos. Flanqueando a Poseidón había las estatuas de cuatro sacerdotisas esculpidas en el más puro mármol, entregando sus ofrendas al dios. Marta se sorprendió cuando, al bucear ...
... cerca de una de las estatuas, un enorme pulpo que se encontraba descansando entre los pechos desnudos de la sacerdotisa de mármol pegó un bote y se alejó nadando entre unas rocas. Buscando un rincón donde ningún humano lo molestase. Su cámara de buceo fotografiaba todos y cada uno de los detalles de ese templo sumergido. Moviendo las aletas con cuidado para no alterar la harmoniosa paz de esas aguas, se acercó a la estatua de Poseidón para tomar una foto de cerca, pero justo en ese momento, un par de buceadores pasaron frente a ella a toda velocidad persiguiéndose entre ellos y empujando a Marta hasta casi hacerla soltar la cámara. “Jodidos veinteañeros” masculló a través de la máscara que le suministraba oxígeno mientras hacía un gesto de reproche a los dos chicos que habían pasado frente a ella, indicándoles que respetasen el entorno. Uno de ellos le hizo un gesto de disculpa mientras el otro se alejó nadando como si nada. Y es que Marta no estaba sola buceando en esas aguas. Nuestra protagonista, una de las mayores expertas europeas en arqueología submarina, trabajaba de profesora en una Universidad privada de Valencia. Al tratarse de una universidad con una matricula carísima y por lo tanto a la que solían matricularse hijos de “ricachones” como decía ella con desdén, la universidad se permitía el gusto de pagar un viaje de fin de curso a los estudiantes. En este caso, los de la facultad de arqueología habían tenido la suerte de poder ir a Grecia de la mano de su ...