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El paraíso del cornudo (extracto)
Fecha: 13/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos
... también se la sujeté. De pronto me encontré jugando con ella a las peleas, como si fuéramos dos críos. Alma se elevó sobre el sofá, clavando las rodillas sobre él e intentó liberarse para meterme mano, con la excusa de hacerme cosquillas. Sin pensarlo dos veces, respondí, liberando una mano y haciéndole cosquillas en la barriga. Y la guerra total se desató. En un momento nos encontrábamos batallando cuerpo a cuerpo para ver quien le hacía más cosquillas al otro. El mundo desapareció por un instante. Solo estábamos ella y yo, más allá del sofá no había nada ni nadie, solo el vacío. De alguna manera recordé los tiempos en que Leire y yo comenzábamos a salir. Las peleas de almohadas entre nosotros eran de lo más habitual. Así fue como comenzamos a magrearnos en la primera ocasión en que nos encontramos a solas en su habitación, fingiendo que estudiábamos. Hasta que sin darnos cuenta estábamos tendidos sobre la alfombra follando como enajenados. Hasta la fecha, era mi referencia como polvo del siglo. Pero ahora Alma y yo no estábamos solos. Nuestras parejas estaban en la piscina, a pocos metros, y nuestras risas debían de estarse oyendo desde el exterior. Corríamos el riesgo de que pasara algo. Y, por supuesto, pasó. De pronto, en mitad de la batalla, escuchamos una voz: —Mira estos, qué bien se lo pasan… —dijo Manuel desde la puerta que daba al jardín. Ya estaba. Nos habían pillado. Nos detuvimos en seco y nos recompusimos como adultos que éramos. ...
... Manuel y Leire nos miraban desde su altura con cara de palo. La tensión se respiraba en el aire, alguien tenía que decir algo para aliviarla. Y yo imaginaba que sería Leire la que lo haría. Pero fue Alma la que primero habló. —¿Pues que queréis? —soltó sin cortarse—. Vosotros estáis todo el día jugando en vuestra piscinita y nosotros nos aburrimos. Así que jugamos a las cosquillas, ¿qué otra cosa podemos hacer? Leire saltó, como había esperado: —Pues podéis jugar al ajedrez por ejemplo. Vamos… algún juego que no consista en meteros mano, ¿no? Un silencio espeso volvió a envolvernos, hasta tal punto que se podía cortar. Yo miraba a Leire, luego a Manuel y por fin a Alma. Y no podía imaginarme como iba a acabar aquella escena. Pero Manuel fue quien tomó la iniciativa. —O al parchís… —soltó y su risa se desbordó. El «cuñadísimo» se echó a reír a carcajadas y nos contagió al resto. En unos segundos estábamos los cuatro partiéndonos de la risa. Nadie decía nada, hasta que por fin Leire volvió a hablar. —Yo ahora necesito un baño de sales para relajar los músculos —anunció, y luego propuso—: ¿Pero por qué no nos vamos a cenar por ahí esta noche, así os compensamos por todo el tiempo que os dejamos abandonados? Todos sonreímos, Leire había dado en el clavo. —¡Buena idea…! —dije yo, antes de que nadie soltara una excusa tonta y estropeara el plan. Estuvimos todos de acuerdo y fijamos la salida para dos horas a partir de ese momento. Luego los deportistas ...