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G&S. Mi semen y el de Manu, mezclados en su coño
Fecha: 15/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Martin Valdez, Fuente: TodoRelatos
... sabes… Pero cállate y fóllame... Más… ¡Ummm…! ¡Sííí…! Te adoro, Greg… Te deseo… Mmmmmmfff… Eres el mejor… La cocina se llenó de ruidos húmedos, de jadeos, de palabras ahogadas. Yo la sujetaba fuerte, golpeando con ritmo creciente, con hambre, con rabia, con ternura. Silvia se inclinó hacia adelante, me besó el cuello, la mandíbula, los labios… Nuestros rostros estaban enrojecidos fruto de la pasión. Llegamos al clímax entre gemidos bajos, besos húmedos y temblores, con los cuerpos atrapados entre la encimera y la nevera, entre el frío del metal y el calor que emanaba de nuestros vientres. Silvia me abrazó con fuerza cuando terminó, sin dejar que me apartara ni un centímetro de ella, respirando con dificultad sobre mi cálido hombro, brillante por el sudor. Pasamos unos segundos en completo silencio, oyéndose únicamente el sonido de nuestras bocas y narices, recuperando el aliento, y el eco sordo de la nevera. Finalmente, Silvia se sacó mi herramienta de dentro —ahora más flácida—, y bajó de la encimera, despacio, desnuda, pero no sin antes besarme otra vez de forma lenta y larga. Viendo que por sus muslos descendía semen —mío, de Manuel o mezclado de ambos, quién sabe—, se cerró la entrada de la vagina con cuidado, para no ponerme el suelo perdido, mientras se mordía el labio. No podía dejar de mirarla mientras recogía su ropa interior del suelo, aún descalza y despeinada. Tenía ese cuerpazo brutal hecho para el deseo, para el pecado: unas curvas intensas, ...
... precisas, diseñadas para perderse, con la cintura marcada, las caderas amplias, los pechos grandes y altos, las piernas largas... Todo en ella decía “ven y tócame”, incluso cuando no decía nada. Me fijé también en sus ropajes, que no hacían sino aumentar su aspecto sensual… y oscuro: la novia de Manuel, aunque no era gótica en el sentido estricto de la palabra, sí vestía con normalidad atuendos oscuros que bien le valdrían para pasar más o menos desapercibida en un entierro —si nadie reparaba, eso sí, en sus escotes con dibujos esqueléticos ni en sus conjuntos inspirados en “Elvira, la reina de las tinieblas”. —¿Te gusta lo que ves, Greg? —me preguntó, dándose cuenta de que la observaba, en un momento dado en que estaba agachada y tenía el culo en pompa delante de mí. —Mucho… Es que eres un pibón oscuro, Silvia —le solté, acariciando su trasero con la mano, a lo que ella no hizo ni el más mínimo gesto de apartarse—. El sueño húmedo de un funeral. —Eres idiota jijiji —rió, de espaldas, mientras se subía las bragas. —Sí, pero soy un idiota que te acaba de empotrar contra la nevera hace menos de diez minutos y que te ha dejado el chochazo bien lleno de lefa a compartir espacio con la de tu novio cornudo. Al escuchar esto se giró, aún con el pelo alborotado y la boca roja y húmeda, se me acercó despacio y, apretando su pecho contra el mío, tocándose nuestras frentes y napias, me contestó: —Y te dejaría que me lo hicieras otra vez. Y antes de que pudiera ...