1. G&S. Mi semen y el de Manu, mezclados en su coño


    Fecha: 15/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Martin Valdez, Fuente: TodoRelatos

    ... valentía, Silvia. Solo verdad.
    
    Tragó saliva y contestó:
    
    —La verdad es que estando contigo es cuando más viva me siento: me haces feliz, cuando me besas siento que soy yo... Eres quien mejor me folla… Quien mejor me hace suya… Pero también es verdad que aún no puedo dejarlo. Ni tengo el valor de explicarle nada.
    
    Analicé sus palabras y la besé suavemente en la frente, no con pasión sino con comprensión.
    
    —Está bien —acepté—. Lo entiendo.
    
    Silvia cerró los ojos, aliviada. No porque todo estuviera resuelto o hubiéramos llegado a una solución real, sino porque yo no le exigía nada y seguía a su lado, y habíamos superado ese momento incómodo.
    
    —No sé cuánto tiempo podré mantener esto —me susurró, casi como si fuera un pensamiento verbalizado.
    
    —Yo sí —respondí—: todo el que haga falta hasta decidirnos. No voy a dejarte sola con esto por nada del mundo. No serás mi novia pero eres mi mujer.
    
    Entonces me miró, entre agradecida y triste.
    
    —¿No me odias un poco, Greg? No podemos hacer oficial lo nuestro porque yo sigo perdidamente enamorada de Manuel y no puedo elegir a uno u otro, y además… en lo más profundo de mi ser… tampoco quiero.
    
    —Ni un poco, Silvia: yo no sé qué haría si estuviera en tu lugar.
    
    Mi respuesta provocó que me sonriera con una dulzura rota. Se inclinó y me besó de nuevo, con esa forma tan especial que tenía de hacerlo, ejerciendo esa enternecedora presión cálida que tanto nos gustaba a su chico y a mí.
    
    —Gracias por no hacerme elegir ...
    ... —dijo, contra mis labios, con la voz temblorosa—. Sé que no es justo para ti… Sé que la promiscua soy yo… Que soy la mujer de dos hombres… Que de noche tú duermes solo… y yo con él.
    
    Ahí Silvia se calló un momento, y su mirada bajó hasta mi pecho, como si no se atreviera a sostenerme los ojos. Sus palabras eran dulces pero duras al mismo tiempo, tanto para el emisor como para el receptor.
    
    —Te estoy muy agradecida por no dejarme, de verdad —prosiguió, tragando saliva—. Por no empujarme a elegir cuando sabes que no puedo… teniendo además tú todo el derecho a hacerlo.
    
    Me mantuve callado, comprendiendo que lo que Silvia hacía en ese momento, abrirme su corazón, no era algo que ella hiciera normalmente.
    
    —Soy débil —continuó, casi en un suspiro—. Esa es la realidad: no quiero renunciar a mi novio, ni quiero perder lo que tengo… aunque me duela en el alma cada vez que te veo irte porque en público solo eres mi mejor amigo.
    
    “Saber que lo entiendes —dijo por fin, alzando un poco la mirada, como si necesitara que la escuchase con el alma—… saber que no me odias… es lo que me hace recordar por qué me enamoré también de ti.
    
    —Yo no te odio, Silvia —le confirmé, asintiendo, con los ojos brillantes—. No podría… Yo soy el cabronazo que se declaró a su mejor amiga en cuanto el novio de esta se marchó a trabajar, así que… también soy culpable. Te quiero así, aunque no sea fácil.
    
    Mi amada cerró entonces los ojos, vencida por una mezcla de alivio y culpa.
    
    —No te merezco ...