1. El Retorno de Carla


    Fecha: 16/10/2026, Categorías: Transexuales Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos

    Han pasado cinco años desde que guardé a Carla en un rincón oscuro de mi alma. Soy Carlos, un Guardia Civil de 43 años, atrapado en un pequeño pueblo de Andalucía donde el sol sigue quemando, pero ya no calienta mi piel. Mi divorcio dejó un vacío que nunca llené, y la distancia con mi hija, Sofía, ahora de 15 años, es un cuchillo que se clava cada día. Nuestras videollamadas son frías, llenas de silencios incómodos, y sé que mi decisión de mostrarle a Carla en aquella playa la alejó de mí. La preocupación por su madre, envuelta con narcos en Madrid, me carcome, pero como Guardia Civil no he podido hacer nada sin pruebas concretas. Rocío, mi antigua cómplice, mi amante, se alejó cuando vio que Carlos se apagaba. Sin Carla, me volví taciturno, solitario, un hombre que carga su uniforme como una armadura y su dolor como una condena. Vivo en un apartamento vacío, donde los vestidos y tacones que una vez me liberaron están guardados en una caja, acumulando polvo.
    
    No salgo, no hablo, apenas existo. El cuartel es mi refugio, pero incluso allí, mis compañeros notan que algo en mí se ha roto. Javier, con su humor de siempre, intenta sacarme una sonrisa, pero no lo logra. Carlos es un caparazón, un disfraz que mantengo porque no sé qué más hacer. Pero una tarde, mientras patrullaba las calles del pueblo, me crucé con Rafael, el alcalde, y su esposa, Elena. Rafael, el hombre que años atrás se rindió a Carla en una orgía desenfrenada, me miró con una chispa en los ojos que reconocí al ...
    ... instante. Elena, una mujer elegante de unos 40 años, me sonrió con complicidad. “Carlos, ¿por qué no vienes a cenar a casa esta noche?”, dijo Rafael, su voz cargada de algo más que cortesía. Acepté, más por inercia que por deseo, sin saber que esa invitación cambiaría todo.
    
    La cena en su casa fue extraña, íntima. Rafael y Elena me trataron con una calidez que contrastaba con mi frialdad. Después del postre, con el vino todavía en las copas, Elena se acercó, su mano rozando la mía. “Sabemos quién eres, Carlos. O más bien, quién es Carla”, dijo, su voz suave pero firme. Rafael asintió, sus ojos brillando con el mismo deseo que vi años atrás. “Te queremos de vuelta, Carla. Pero no como antes. Queremos que seas nuestra Ama, que nos domines”. Mi corazón dio un vuelco. Carla, la que había enterrado, la que me había dado vida y me la había quitado, estaba siendo convocada. Intenté resistirme, hablar como Carlos, pero sus miradas, sus palabras, encendieron algo que creí muerto.
    
    Esa noche, en mi apartamento, abrí la caja. Saqué un corsé negro, medias de rejilla, tacones de aguja y una peluca larga y oscura. Me maquillé con precisión: labios rojos como la sangre, sombra que hacía mis ojos letales. Cuando me miré al espejo, Carlos desapareció. Carla estaba de vuelta, pero no era la Carla de antes, juguetona y exploradora. Esta Carla era dura, implacable, una reina que no pedía permiso. Me presenté en casa de Rafael y Elena, mi presencia llenando la habitación. Ellos me esperaban, ...
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