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El Retorno de Carla
Fecha: 16/10/2026, Categorías: Transexuales Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos
... desnudos, arrodillados, sus ojos suplicando. “Ama Carla”, susurró Elena, y la palabra “Ama” despertó un poder que me consumió. Los até con cuerdas de seda que Rafael había preparado, sus cuerpos expuestos y vulnerables. “No hablaréis a menos que os lo ordene”, dije, mi voz fría, cortante. Rafael, el alcalde respetado, temblaba de deseo mientras yo paseaba los tacones alrededor de ellos, el sonido resonando como un látigo. Tomé un flogger de cuero y lo pasé por la espalda de Elena, que gimió antes incluso de que la golpeara. Azoté sus nalgas, dejando marcas rojas, mientras Rafael observaba, su polla dura y palpitante. “Tú también lo quieres, ¿verdad?”, le dije, y él asintió, suplicando con los ojos. Lo azoté con fuerza, su piel enrojeciendo, sus gemidos llenando la habitación. Luego, ordené a Elena que lo chupara mientras yo los observaba, mi pene turgido bajo el corsé, exigiendo liberación. Cuando Rafael estaba al borde, lo detuve. “No sin mi permiso”, gruñí. Me quité el corsé, dejando que vieran a Carla en su plenitud. Mi polla, dura como el acero, era una extensión de mi poder. Penetré a Elena, su vagina húmeda y apretada recibiéndome con un gemido que era casi un grito. La follé con una furia controlada, cada embestida un mandato, mientras Rafael lamía mis muslos, su lengua desesperada. Elena llegó al clímax una y otra vez, su cuerpo convulsionando, pero yo no paré. Luego, tomé a Rafael, su culo ...
... abierto y dispuesto, y lo follé con una intensidad que lo hizo gritar mi nombre, “Ama Carla”, mientras Elena lamía el semen que goteaba de su piel. Los tres nos perdimos en un frenesí de carne, sudor y poder, mi orgasmo un torrente que marcó sus cuerpos como un sello de mi dominio. Cuando terminé, los dejé exhaustos, temblando en el suelo, mientras yo, Carla, me recomponía con una calma gélida. Esto no era solo sexo; era control, era mi verdad. Regresé a mi apartamento, aún vestida como Carla, y me masturbé frente al espejo, mi polla dura de nuevo, el semen salpicando mi mano. Lo probé, su sabor salado un recordatorio de quién era ahora. Carlos no existía en ese momento; era solo un disfraz que usaba de día, un Guardia Civil que patrullaba, que sufría en silencio por Sofía, que investigaba los vínculos de su ex con el narcotráfico. Pero Carla es mi realidad. Cada noche, me transformo: corsés, látigos, tacones que resuenan como un desafío. Rafael y Elena son míos, y otros se han unido, suplicando ser dominados por Ama Carla. Mi vida como Carlos es una sombra, un hombre roto por la pérdida de Sofía, por la distancia de Rocío, por un mundo que no entiende. Pero como Carla, soy invencible, y cada gemido que arranco, cada cuerpo que marco, me aleja más de él. Estoy confundido, sí, pero también liberado. Carlos es el disfraz; Carla es la verdad. Y no sé si alguna vez podré volver atrás, ni si quiero hacerlo.