1. Las pijas también saben follar


    Fecha: 21/10/2026, Categorías: Hetero Autor: Randy, Fuente: TodoRelatos

    Como ya he contado en algún relato, me crie en un pueblo muy pequeño hasta bien entrada la adolescencia. Posteriormente, seguí yendo, pero de manera irregular. En verano, en Navidad, cuando teníamos alguna celebración… pero antes de que llegase todo eso, los veranos eran una repetición con pequeñas variaciones. El calor, las bicis, la piscina, el poli, los mismos bancos de siempre, la pandilla. Pero eso no impedía que fuese la mejor época del año igualmente. No solo no teníamos clases, sino que además eran fechas de fiestas patronales en todos los pueblos de la zona. Esto fue lo que más recuerdos imborrables nos dio. Nuestra primera borrachera, nuestros primeros ligues, alguna que otra pelea… todo lo que no socializabas durante el año, lo hacías estos meses. Mi grupo de amigos era un grupo bastante heterogéneo: chicos y chicas de varias edades. La más mayor de la tropa le sacaba al más pequeño 6 años. Éramos pocos, por lo que nos empezamos a juntar por pura necesidad. Algunos nos pasábamos todo el año en el pueblo, pero otros venían solo en verano. Por ejemplo, Conchi. Era parte del grupo desde que teníamos uso de razón. Venía de Barcelona, una ciudad que para nosotros era como otro mundo. Ella también era de otro mundo. Muy pija. Siempre arreglada, con expresiones que nadie usaba aquí, con una mezcla entre sofisticación e ingenuidad que la hacía parecer casi de juguete. Sí, muy pija. Pero tenía encanto.
    
    A pesar del contraste, se integró en la pandilla desde la primera vez ...
    ... que vino. Era dulce, ingenua, sin maldad, alegre… de vez en cuando era el centro de las bromas, pero todos le teníamos aprecio. Y era preciosa. La primera vez que la vi ya me lo pareció. Tenía una cara hermosa. Pero creo que siempre la vi más como una hermana pequeña que como una mujer. No la tomaba en serio por el contraste y porque nos conocíamos desde la infancia. Era amiga. Había confianza, nos reíamos, nos peleábamos por tonterías. Pero jamás —jamás— se me cruzó por la cabeza que pudiera pasar algo entre nosotros.
    
    Era el primer día de fiestas. Ese año los padres de Conchi no vinieron, así que establecimos el patio de su casa como base (para guardar la bebida de todo el grupo, sobre todo). Estábamos tirados en el césped al lado de la piscina con unas litronas. Jugábamos a un juego que, por turnos, consistía en responder la pregunta que se nos formulase o beber un buen trago de las litronas. Como os podéis imaginar, las preguntas estaban relacionadas con temas sexuales la mayoría de las veces: confesar fantasías, elegir entre dos o tres nombres de pastores del pueblo a cuál le harían una felación, confesar quién del pueblo nos había gustado en algún momento, cuál era el sitio más bizarro en el que habíamos tenido sexo… Conchi, pudorosa hasta los tuétanos, prefería beber antes que compartir sus intimidades la mayoría de las veces y se estaba empezando a poner beoda. Unas cuantas veces hice bromas relacionadas con su puritanismo. Por ejemplo, vimos a unos chavales meando ...
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